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Los Pinos a través de los sexenios

Desde Lázaro Cárdenas a Andrés Manuel López Obrador, esta es la historia de la emblemática residencia presidencial.
Los Pinos
Los Pinos son una mansión de de 127,951 metros cuadrados, de los cuales están construidos 24,000.
  1. CIUDAD DE MÉXICO. La nueva administración de Andrés Manue López Obrador marcó desde el primer día de su gestión su modo particular de gobernar. Decidió que, desde el 1 de diciembre, día que en asumió el poder, la residencia presidencial de Los Pinos fuera abierta al público, al pueblo, como prefiere llamarle el mandatario.

    Pero antes de enterrar la historia, conviene recordar cómo vivieron los presidentes de México, desde el sexenio de Lázaro Cárdenas, quien fundó Los Pinos. Pues cada familia presidencial le dio a esa residencia un sentido distinto.

    Los Pinos son una mansión de 127,951 metros cuadrados, de los cuales están construidos 24,000 y cuyo valor catastral total es de 1,653 millones 780,102 pesos.

    Ya fuera en uno u otro periodo, las remodelaciones llevaban y traían alfombras persas y chinas, pisos y columnas de mármol, esculturas helénicas de bronce o mármol de Carrara, muebles tallados de marquetería de caoba y cedro, candiles de Baccarat, cómodas de Boulle, grandes arañas de cristal checoslovaco, cómodas Luis XV, candiles franceses de cristal de bohemia y bronce, y hasta un juego francés de reloj de porcelana azul en rococó con cuatro delfines.

    A quienes preguntan a través del sistema de transparencia sobre los costos de las remodelaciones de Los Pinos ocurridas en este sexenio, la Presidencia siempre tiene la misma respuesta: "Después de una búsqueda exhaustiva no se encontró información al respecto". Incluso, se ha argumentado que Los Pinos no son una unidad ejecutora de gasto, y no tiene asignada una partida.

    Te presentamos en los siguientes apartados de este contenido una enumeración de la opulencia sexenio por sexenio.

  2. Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940)

    Para el general Cárdenas, la casa del presidente debía ser una casa abierta al pueblo, en la que todos se sintieran como en la propia. Por eso no pensó en los grandes lujos ni le importó que la "nueva" casa presidencial fuese ya algo vieja, abandonada y semidestruida como la del Rancho de la Hormiga.

    Apegados a una idea de sencillez, los pisos no se cubrieron con alfombras, los muebles fueron sencillos y las paredes permanecieron desnudas de cuadros o adornos. Fueron tan pocos los cambios, que el general se bañó todos los días a las 6:30 de la mañana en las aguas heladas de una alberca sin caldera.

    Apenas si a esta le agregaron un pequeño vestidor y le quitaron los declives que se usaron para meter a bañar a los caballos.

    Lo realmente especial de esa casa era algo muy sencillo, la terraza descubierta, orientada al bosque, llena de luz y de plantas, con muebles de rattán.

    Lo que no le gustó al general fue el nombre de Rancho de La Hormiga para la casa presidencial; entonces la nombró Los Pinos y satisfizo así un romántico recuerdo de la huerta michoacana que llevaba ese mismo nombre, donde conoció a Amalia, su mujer.

  3. Manuel Ávila Camacho (1940-1946)

    Manuel Ávila Camacho y su esposa Soledad Orozco encontraron en Los Pinos un auténtico edén que supieron disfrutar con mentalidad recreativa y deportiva.

    En los interiores no hubo mucho que modificar: poner un antecomedor, una despensa, un lugar para vajilla y cristalería. Pero en los exteriores se adaptaron canchas, una de frontenis y otra de bádminton, los juegos favoritos de los Ávila, y una de tenis. Además de una alberca de dimensiones olímpicas con vestidores, ahí junto a la alberca chica que hizo Cárdenas. Hubo, desde luego, campo de golf.

    Los Ávila no tuvieron hijos, pero dieron vida a los jardines y los juegos con sobrinos, niños y jóvenes de apellidos Alemán, Rojo Gómez, Rojo Lugo, Padilla, Limón, Quevedo o Núñez.

    En aquel entonces Los Pinos fueron escenario de intensas competencias deportivas, bailables, fiestas, obras de teatro y tablas gimnásticas. Un sábado cualquiera era de zarzuela, cine y merienda; en ocasiones, eran de premiación, encabezada por un presidente caballero, al que todos llamaban padrino.

    Los Pinos
    El valor catastral de la antigua residencia presidencial es 1,653 millones 780,102 pesos.

  4. Miguel Alemán Valdés (1946-1952)

    Los Alemán Velasco llegaron a Los Pinos en abril de 1947. Si para los Ávila hubo espacio de sobra, los recién llegados no cupieron en la vieja casa de adobe con duelas de madera y sabían muy bien lo que querían: la Casa de los Presidentes de México, por eso traían los planos bajo el brazo.

    Entre 1947 y 1952, prácticamente todo el sexenio, se erigió en Los Pinos una residencia blanca de estilo francés con su gran pórtico al que se ascendía por una amplia escalinata. Esa fue con el tiempo la estampa más fotografiada del lugar.

    El interior tenía pisos de mármol gris y muros blancos ornamentados con cornisas, antepechos y plafones. En el gran vestíbulo que distribuía a los salones y recintos del conjunto, iluminado por un candil de 68 luces, destacaban las columnas revestidas de mármol con capiteles corintios dorados. Atraían todas las miradas las dos esculturas helénicas a escala natural de mármol blanco de Carrara , situadas en cada lado del arranque de la escalera de finos herrajes: eran Venus de Milo y Venus de Médicis, con un delfín cabalgado por dos cupidos.

    La señora Alemán puso todo su interés en la decoración. Consiguió entre anticuarios y casas de Guadalajara, Querétaro, Guanajuato y la Ciudad de México, lo más representativo del mueble mexicano antiguo y de los estilos imperio, Luis XV (rococó) y Luis XVI.

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    La casa se llenó de talavera y muebles tallados de marquetería de Puebla, cómodas de Boulle traídas de Francia, esculturas de bronce y mármol de Carrara , del norte de Italia, porcelanas de Sèvres, de Meissen y Limoges, candiles de Baccarat, y tapetes persas y chinos.

    Los primeros anfitriones de esa mansión tuvieron el placer de sentarse a la mesa de marquetería de caoba y cedro de un comedor para 24 comensales, acomodados en sillas de tapiz de raso azul. A un lado, el trinchador de cedro con el escudo nacional en bronce. Al otro, la chimenea forrada de porcelana. En los muros, los óleos Cabalgata nupcial, de Herderich, y Festival en el campo, de Kowalski.

    Los candelabros y el servicio eran de plata; las copas y los vasos de cristal de Baccarat con el escudo nacional. En la altura, un candil de cristal de bohemia de 48 luces en estilo María Teresa. Por aquí, cuatro tibores Luis XV; por allá, un reloj Lepante y porcelana de Limoges.

    Por primera vez, México tenía una residencia presidencial espaciosa con las comodidades, los servicios y salones para recibir y despachar. Por sus dimensiones, la casa fue hecha para perdurar.

    Los Alemán creían que iba a dar la imagen de México al mundo. Querían que la casa presidencial tuviera una apertura mucho más amplia de la que ya le habían dado sus predecesores. Aunque el concepto era claro, fue complicada la justificación: no se trataba de mostrar lo nuestro, sino lo bueno que de Europa nos había llegado.

  5. Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958)

    Para el presidente Ruiz Cortines, la Casa Miguel Alemán era simplemente todo lo que él no era. Enemigo de ostentaciones y vanidades; estaba acostumbrado a la sencillez.

    A sus 63 años, no deportista y con la responsabilidad del país encima, lo que menos deseaba era disfrutar esa mansión. Se decía que su matrimonio era de conveniencia, cuyos hijos ya vivían por separado.

    Tardó casi un año en decidirse habitar Los Pinos y solo presionado por su Estado Mayor. No quería dejar su casa de la colonia San José Insurgentes, donde congestionaba el tráfico, pero atendía a las personas que hacían fila en la calle, aun con lluvia.

    Adolfo y María 'Mariauita' Izaguirre se instalaron en el ala sur de la residencia y no quisieron hacerle arreglo alguno. Ella, gran devota religiosa, cargaba con una escultura en tamaño natural de la Virgen de los Dolores, que acomodó en la sala principal.

    Apenas se usó el despacho presidencial, su salón de juntas, la peluquería y el consultorio dental, ubicados a la izquierda del vestíbulo principal. Se dejaron de usar las instalaciones deportivas, los juegos y los jardines, las canchas. Mantener una alberca limpia y llena de agua, en la que nadaban ya "personas extrañas", no iba con la austeridad del presidente, que la mandó secar.

    Las cómodas de Boullé, las grandes arañas de cristal checoslovaco, los demás objetos, quedaron suspendidos en el tiempo como si la mansión fuese un museo cerrado. Entraron en desuso la sala principal y el comedor del ala norte. Permaneció apagado el gran salón del sótano para fiestas o reuniones, con su pista de baile y sus mesas arrumbadas.

    Acaso el silencio se rompía a veces por el ruido del elevador que ella instaló para sus habitaciones personales -en las que puso gimnasio-y por alguna nota del gran piano que ella tocaba en el vestíbulo. El solitario matrimonio sólo se aficionó a la sala de cine, en la que cada domingo había películas de estreno por cortesía de Gobernación.

    Adolfo Ruiz Cortines, inquilino de una mansión semivacía, era el gobernante solitario en su ciudadela. Tanta inactividad en la residencia tendría consecuencias muy serias que solo se notarían hasta el sexenio siguiente.

    Los Pinos
    A Lázaro Cárdenas no le gustó que el nombre fuera el Rancho de la Hormiga para la casa presidencial, así que lo cambió a Los Pinos.

  6. Adolfo López Mateos (1958-1964)

    Adolfo López Mateos era un político sui generis que llegaba al poder. Aunque debía lidiar con tremendos dolores de cabeza, tomaba mucho café y fumaba de cuatro a cinco cajetillas de Delicados cada día.

    Lo suyo eran las carreras de Fórmula Uno y el boxeo, pero él no practicaba ningún deporte. Era una persona amable, que siempre daba las gracias. Sencillo, al grado de que una vez llegó en camión a Los Pinos y, por supuesto, no lo dejaban entrar. Un hombre con modos y gustos tan definidos no iba a dejar que el poder lo cambiara.

    No se fue a vivir nunca a Los Pinos. Quería seguir siendo ciudadano en su tiempo libre. Trabajar ahí sí, y quizá algo a fuerzas, pues encontró la Casa Miguel Alemán hecha un desastre y tuvo que repararla.

    A medio sexenio de Ruiz Cortines, un crudo invierno congeló el agua de las tuberías en las extensas zonas sin uso de la casa, el piso de la biblioteca se hundió y con el tiempo más afectaciones abarcaron todo el edificio.

    Durante las reparaciones se encontró que los ductos y las instalaciones de luz y gas no eran buenas. Todos los pisos tuvieron que ser levantados y fueron rotas las paredes.

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    Hubo cambio de tapices, lavado de alfombras y candiles, y se colgaron algunos cuadros de Rivera y Siqueiros que Bellas Artes prestó. Ya de paso, se instaló una nueva red telefónica y de timbres para llamar al personal.

    Al final, Eva Sámano de López Mateos tuvo que deshacerse de unos 90 gatos que su antecesora Mariquita adoptó y que se multiplicaban muy rápido.

    La afrancesada residencia recuperó su esplendor, hubo comidas y cenas con gobernadores, el cuerpo diplomático y los colaboradores. Aún sin vivir ahí, López Mateos realizó con creces el ideal alemanista al hacer de Los Pinos una casa abierta al mundo con tanto visitante que llegó de fuera.

  7. Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970)

    Si bien dos presidentes habían desdeñado ya la gran creación alemanista, para Gustavo Díaz Ordaz fue como un deber propio de su investidura vivir en Los Pinos, en la aún nueva residencia; no obstante, que le parecía demasiado grande para sus necesidades familiares. Él no iba a convertir su casa del Pedregal, según decía, en unos 'Pinitos'.

    Los Díaz Ordaz Borja, con los hijos Gustavo y Alfredo -Guadalupe vivió aparte-, llegaron en febrero de 1965, solo hicieron algunos cambios en la distribución de habitaciones y mobiliario, la decoración, el papel tapiz, las cortinas y las colchas.

    La familia vivió con sencillez e intimidad, con simples paseos diarios por los jardines después de comer.

    Los Pinos
    Los Pinos son una mansión de de 127,951 metros cuadrados, de los cuales están construidos 24,000.

  8. Luis Echeverría (1970-1976)

    Los Echeverría Zuno barrieron con todo. Convirtieron en piezas de museo -del Castillo de Chapultepec y de San Carlos- el legado en interiores de los Alemán.

    Para allá despacharon, con las leyendas "Son de inutilidad para la presidencia" y "quedar para su exhibición al pueblo": sillas con patas de garra, tibores de Sevrès, tibores imperio Alpe Real con motivos napoleónicos, columnas de alabastro, un sofá con ocho patas de garra y tapiz de cuero rojo.

    Cómodas Luis XV en marquetería, vitrinas francesas Luis XVI con cubiertas de mármol de Carrara , candiles franceses de cristal de bohemia y bronce de 10, 15 y 18 luces, y uno de Baccarat y bronce de 42 luces, un juego francés de reloj de porcelana azul en rococó con cuatro delfines y aplicaciones de bronce.

    Lo que vieron, según los Echeverría, fueron muebles que no eran de una misma época ni tenían la misma calidad. Veían un desorden en objetos aislados. Seguramente el estilo imperio les provocó aversión. Un piano de cola Steinway fue a dar al Conservatorio. Otros muebles fueron declarados sin estilo, sin valor y simplemente viejos.

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    De los cambios se encargó personalmente la señora Esther Zuno de Echeverría, que despachaba en la Casa Lázaro Cárdenas: muros color hueso con pinturas de autores mexicanos seleccionados por Bellas Artes, tapetes artesanales de Temoaya, un enorme candil de hierro forjado en negro con bombillas de pepita, que sustituyó en el vestíbulo central al gran candil de prismas de cristal.

    Se crearon los salones Colima y Taxco con muebles artesanales estilo colonial mexicano, decorados a mano con temas del país. La casa se llenó de los famosos equipales: unas sillas prehispánicas de respaldo circular forrado en piel y con base de madera y palma entretejida.

    Las modificaciones más importantes se hicieron en la planta baja. Lo primero que Esther quitó fueron las dos Venus y los capiteles corintios dorados entre el salón y el vestíbulo principales. Como las columnas no eran de mármol, tenían apenas un recubrimiento, no fue difícil cambiar su estilo. Se hicieron arcos de tres puntos para comunicar los cuatro salones que daban a ese hall.

    Los Pinos
    Los 12 Presidentes que han vivido en Los Pinos ordenaron destinar millones de pesos del erario para construir o remodelar.

    En el gran salón, contiguo al comedor, se construyó una chimenea que ya no fue de porcelana sino de tabicón y cantera. En el sótano, los espacios de fiestas y juegos se convirtieron en sala de usos múltiples con mesas, cuyo largo se adaptaba con tablones, según la necesidad.

    Los 365 días del año, y más los sábados y domingos, había reuniones de trabajo en las mesas redondas del comedor principal. La casa debía aguantar el ritmo de un hombre que nada más no trabajaba mientras dormía, y dormía poco. La señora Echeverría le llamó Casa del Pueblo; estuvo abierta a campesinos, obreros y estudiantes que se topaban en el jardín con un busto de Juárez.

    Los Echeverría desmantelaron la idea alemanista y, con ello, resaltaron el aspecto ideológico de la residencia. En ese sentido la casa era ya un mensaje, cuyo contenido tenía su buena carga de propaganda, que osciló entre la apertura y el nacionalismo.

  9. José López Portillo (1976-1982)

    Si Díaz Ordaz lo consideró un deber, para José López Portillo vivir en Los Pinos fue un goce.

    Desde el primer día durmió en la residencia con su hijo José Ramón, cuando aún ni siquiera concluían las adaptaciones. Dos semanas después llegaron su esposa Carmen Romano, sus hijas Paulina y Carmen Beatriz Gigí, su madre Refugio y su hermana Margarita con su familia.

    No hubo cambios estructurales, solo se adaptaron los espacios. Como la familia Echeverría Zuno incluía ocho hijos, en la planta alta hubo muchas habitaciones, entonces se tiraron muros.

    La recámara presidencial fue grande, en el lado sureste, arriba del despacho con escalera privada. El contenido era austero, a base de muebles de madera, una mesa sencilla, un bargueño español, la cama king size de cabecera sencilla, los muros blancos y la alfombra color camello.

    El despacho presidencial era de corte colonial, sobrio, hasta dejó la misma bandera y los cuadros de charrería de Francisco Icaza. La biblioteca se adaptó como salón de trabajo colectivo de gabinete.

    Para las reuniones grandes López Portillo prefería una mesa triangular para 56 personas porque, según él, facilitaba la participación de todos. En el sótano se pusieron baños, pues curiosamente no había y volvió a ser un lugar con sala de proyección, boliche y salón de fiestas.

    Los hijos se casaron, todos, en esa residencia, y aprovecharon, ampliadas, unas casas de madera del jardín poniente, frente al frontón, que Echeverría construyó como muestras de habitación popular.

    En la planta de arriba de la casa Alemán se daba la vida familiar. Se adaptó un comedor, un antecomedor y una cocina, con muebles que los López Portillo Romano llevaron de casa, diseñados por Carmen Romano.

    La Casa Lázaro Cárdenas fue para la madre –que ahí recibió a Juan Pablo II- y la hermana, amenazada por la guerrilla urbana. Se construyó un quiosco en el jardín "para que mi madre pudiera recibir". La familia tenía que "vivir hacia adentro, por la guerrilla, lo hicimos a plenitud", escribió José.

    La actividad del presidente se desplegó en todo el complejo de Los Pinos. Se le vio cabalgar, aprender a jugar tenis en una cancha cubierta que hizo en el frontón, nadar en alberca descubierta o cubierta -junto a la cual puso un elevador para la familia-, o ir rápido de un punto a otro en un tren eléctrico. Hasta mandó construir un picadero y un gimnasio en la parte de atrás que da a Molino del Rey, e hizo plantar flores y rosales.

    Al final se hizo esta reflexión: "Creo que difícilmente puede pensarse que haya alguien que haya aprovechado más y ¿por qué no decirlo? disfrutado tanto de Los Pinos como yo". Y no salió de ahí sino hasta el último minuto del 30 de noviembre de 1982.

  10. Miguel de la Madrid (1982-1988)

    Los De la Madrid Cordero conceptuaron Los Pinos de dos formas: la casa donde reside el poder y también una familia como célula fundamental de la sociedad.

    Llegaron en febrero de 1983, pues en diciembre y enero fueron las obras de adaptación bajo un criterio estricto de Miguel de la Madrid: "Separar el lugar de trabajo del presidente, de la residencia familiar. Una cosa es la vida del presidente con su familia y otra la del presidente con su trabajo".

    Según esto, la vida familiar sería arriba de la Casa Alemán. La planta principal se dividió en dos secciones: la de recibir y la de estudiar. No se usaría para vida cotidiana, salvo el despacho y la biblioteca donde al presidente le gustaba estar solo los fines de semana.

    Ahí cambió los muebles por los de un ebanista que también se encargó del comedor principal para 28 personas con vitrinas a los lados. Su esposa Paloma llevó la porcelana y en la pared del fondo, entre dos ventanales, se puso un mueble con ramo de flores de seda y cuadros con bodegones, tanto de la familia como prestados por Bellas Artes.

    Cambiaron el color de muros, llevaron a la sala principal de la residencia muebles de alta calidad, de marquetería poblana y chippendale mexicano, y objetos de arte mexicano como tapetes de Temoaya. De la Madrid definió la decoración como contemporánea.

    Se conservó el Salón Colima, de donde él era oriundo, y el comedor familiar, de arriba, con los muebles de artesanos de Comala. Y hasta le agregaron piezas de cerámica precolombina del mismo estado. Al lado derecho, en una sala de recibir colocaron muebles y objetos de su casa de Coyoacán, como una talla en madera estofada que representaba a Santa Clara y un piano vertical antiguo que ella tocaba.

    De la Madrid despachó en la Casa Lázaro Cárdenas, que se decoró con una colección de pintura mexicana prestada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

    Los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, del Doctor Atl, se mostraban en la escalera de acceso a su despacho. En el salón de proyecciones de esa casa se pusieron dos bustos, uno de Calles y otro de Cárdenas. Se entiende el afán conciliatorio.

    Los Pinos
    Ya fuera en uno u otro periodo, las remodelaciones llevaban y traían alfombras persas y chinas, pisos y columnas de mármol.

    También hubo dos salones de recepción abajo: el Morelos, al lado sur, para mandatarios extranjeros y foto oficial, amueblado en chippendale mexicano, con pintura del independentista y biombo con batalla del 5 de mayo.

    Y el Salón Juárez, al lado norte, para usos múltiples, con chimenea, arriba de la cual estaba la pintura del prócer y un cuadro volcánico de Nishizawa.

    Después seguía la terraza ya cubierta, con cómodos sofás a modo de sala de espera de De la Madrid. Arriba está el despacho con su puerta de madera tallada.

    El ocupante lo quiso sobrio, con un estrado tapizado en piel café para conversar entre varios; después un amplio escritorio de madera tallada, con enseres, lámpara, globo terráqueo, águila del escudo nacional y retrato de Paloma.

    Detrás del sillón, los cuadros de Velasco; El Corzo, de Albino Ruiz, y en un nicho del muro la estatuilla de un metro de altura de Morelos, su héroe.

    Se transformó la fachada: la tradicional se quedó sin los torreones que le daban apariencia de cuartel, se pintó de blanco, se le puso un enorme escudo en bronce y se polarizó en ocre las ventanas en cuadrícula.

    Afuera, enfrente, se puso un asta bandera y se crearon dos estacionamientos subterráneos, andadores adoquinados y un parque arbolado que puso una cima de distancia entre Los Pinos y el exterior.

    El conjunto de Los Pinos no fue concebido en forma total, iba siendo la suma de ideas y creaciones dada en el tiempo. Ya faltaba poco por agregar.

  11. Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)

    Como resultado de una complicada elección, Carlos Salinas de Gortari llegó a Los Pinos con una carga de ilegitimidad, por lo que evitó salir a eventos en hoteles.

    Muy rápido, para enero de 1989, estaban listos dos nuevos salones, el Adolfo López Mateos y el Manuel Ávila Camacho. El primero se inauguró con la fiesta de 15 años de su hija Cecilia Salinas Occelli, en la que cantó Luis Miguel para cientos de invitados.

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    En ese primer año también se acondicionó un espacio como estudio de televisión, en previsión de que no pudiera dar verbalmente en el Congreso su primer informe de gobierno. Como en 1994 se dio el levantamiento zapatista en Chiapas y fue asesinado el candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio, hubo necesidad de tomar más medidas de seguridad.

  12. Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000)

    Ernesto Zedillo colocó una gran puerta verde de hierro fundido a la vuelta de avenida Constituyentes, sobre Parque Lira y Molino del Rey. Solo por ella podía entrar el presidente y así el conjunto quedaba sellado.

    Los Pinos
    Por la puerta verde de hierro solo podía entrar el presidente.

    Despachó en la Casa Lázaro Cárdenas y en el escritorio tenía un retrato de Luis Donaldo Colosio. Ahí tuvo un Salón Blanco para reuniones con grupos reducidos y un salón de juntas de gabinete con mesa larga y rectangular, y un televisor con videocasetera.

    Contaba con tres redes telefónicas con aparatos rojos a prueba de espionaje: la presidencial por la que él llamaba, una por la que recibía llamadas del gabinete y otra para comunicarse vía satélite con gobernadores.

    En los jardines en los que había cuatro fuentes -de los Pescados, del Trébol, de Cantera y de los Azulejos- y un estanque con peces, estaban los bustos de Juárez, Hidalgo y Morelos, un escudo nacional de cantera y una figura prehispánica de la fertilidad.

  13. Vicente Fox Quesada (2000-2006)

    Vicente Fox llegó al poder gracias a la alternancia, y consideró que la residencia Miguel Alemán iba a ser demasiado grande para él y sus cuatro hijos, debido a su separación matrimonial.

    Al año, se casó ahí en Los Pinos con su vocera Marta Sahagún. Junto con ella y su hijo pequeño Rodrigo ocuparon una de dos cabañas que usaron los López Portillo, y dejó la otra para Ana Cristina, Paulina y Vicente.

    En realidad traía un proyecto mayor: hacer de la Casa Alemán un conjunto de oficinas para él y sus colaboradores más cercanos con los que intentaría formar una estructura paralela al gabinete. El sótano se convirtió en su "cuarto de guerra".

    La remodelación de las cabañas 1 y 2, de la Casa Anexa y de la Residencia Alemán, la adquisición de mobiliario, equipo y enseres, junto con las obras exteriores de Los Pinos, se pagaría con un multimillonario gasto realizado con opacidad.

    El hallazgo periodístico del pago de 4,025 pesos por cada una de las tres toallas compradas por la Presidencia levantó un gran escándalo a mediados de 2001 y puso al descubierto la punta de la madeja.

    Para colmo, a medio sexenio el proyecto de gabinete paralelo no probó ser viable y tuvo que ser abandonado.

    Fox dejaría otra controvertida y perdurable imagen de su arribo al poder: él entraba a Los Pinos al tiempo que salía el retrato de Benito Juárez, cosa que no pocos consideraron un atentado al Estado laico.

  14. Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012)

    Felipe Calderón, su esposa Margarita Zavala y sus tres niños María, Luis Felipe y Juan Pablo, vivieron en las cabañas edificadas por Fox, y la Casa Miguel Alemán siguió funcionando como espacio de trabajo.

    En este periodo las escalinatas se usaron para el protocolo diplomático, y se dijo, incluso, que el sótano era un búnker, reflejo de los tiempos de guerra con el crimen organizado.

    En los últimos sexenios, la altura de los muros de Los Pinos había ido en aumento; se instaló ahí un sistema de comunicación de circuito cerrado y un dispositivo de alarma de rayos infrarrojos.

    Fueron parte de la vigilancia perros entrenados y potentes luminarias que se encenderían en caso de alarma nocturna. Ahora hay una rígida vigilancia militar del complejo.

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    En el gobierno de Calderón, la asesoría de Miguel Murguía Díaz para un anteproyecto ejecutivo sobre el sótano costó 241,000 pesos; sin embargo, la información está clasificada, pues la Presidencia argumentó, ante una solicitud de información, que revelarla "pone en riesgo la vida y la seguridad de las personas, y con ello compromete la seguridad nacional".

  15. Enrique Peña Nieto (2012-2018)

    El ex gobernador mexiquense solo habitó la residencia oficial cinco de siete días de la semana, pues todos los viernes por la tarde un helicóptero lo recogía en el helipuerto del lugar y, en 16 minutos, lo dejaba en su casa del Club de Golf de Ixtapan de la Sal, para regresar el lunes temprano.

    Él mismo platicó que esa casa en el Estado de México ha sido su verdadero hogar. Su esposa Angélica Rivera dividía su tiempo entre Los Pinos, su departamento de Miami o algún viaje, al igual que sus tres hijas.

    Peña instaló en el segundo piso de la Casa Lázaro Cárdenas, su despacho presidencial, al cual llegaba después de cruzar un pasillo que tiene a sus costados dos salones: el Morelos, con una mesa en forma de herradura y dos televisiones planas al centro, para recibir a funcionarios de otros países, directivos de empresas o realizar videoconferencias con sus homólogos; y el salón Internacional, con dos sillones, dos libreros y cuadros de paisajes mexicanos, usado para encuentros más informales con visitantes internacionales.

    En cuanto al sótano de la residencia Miguel Alemán, funcionarios consultados afirman que se mantuvo el cine, pero que una gran sala se modificó para convertirse en una "zona de esparcimiento", con futbolitos, una mesa de juego y un minibar.

    Los 12 Presidentes que han vivido en Los Pinos ordenaron destinar millones de pesos del erario para construir o remodelar y Peña Nieto no fue la excepción.

    La residencia de Los Pinos fue acondicionada por Peña para que ahí vivieran sus hijos. La llamada Cabaña 1, construida por Vicente Fox para vivir con su esposa Marta Sahagún, y que también funcionó como el hogar de Calderón, fue renovada completamente en su interior por Peña para residir con su esposa.

    Incluso construyó un pequeño spa y ahora se le conoce como Casa Uno. La Cabaña 2, también edificada en la época foxista y usada por las administraciones panistas como residencia de huéspedes, se acondicionó como oficina para la Primera Dama, donde laboraba una decena de personas.

    A espaldas de la Residencia Alemán, en 2014, se reconstruyó y amplió lo que se conocía como la Casa Anexa, y se le denominó Casa Miguel de la Madrid.

    El mexiquense ordenó construir ahí un nuevo Salón Presidentes, con cupo para 50 personas, el cual cuenta con un sistema parlamentario de 60 micrófonos. Ahí están las pinturas de los 13 ex mandatarios federales, de la autoría de Armando Drechsler, J. Leanza, Froylán Ojeda, Albanés, Hartwig Ronhde y Dulce María Rivas.

    Otra de las construcciones de este sexenio fue el Edificio Bicentenario, a donde se trasladaron la Oficina de la Presidencia, la Secretaría Particular, la Dirección General de Eventos Presidenciales y otras áreas gubernamentales.

    El edificio de cristal cuenta con estacionamiento y es visible desde la avenida de los Constituyentes. En la Calzada Molino del Rey se construyó un estudio de televisión, el cual apenas fue utilizado por el presidente en un par de ocasiones.

  16. Andrés Manuel López Obrador (2018)

    El 1 de diciembre de 2018, mismo día en que Andrés Manuel López Obrador fue investido con la banda presidencial, decide abrir la puertas de Los Pinos al público para inaugurar el sitio como centro cultural. El mandatario despacha en Palacio Nacional y vive en una casa de interés medio en la delegación Tlalpan, al sur de la Ciudad de México.

    Los Pinos
    Ahora Los Pinos es un Centro Cultural, donde la gente puede ser testigo de como vivían los presidentes de México.

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