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Austeridad republicana e Iniciativa Privada

Las empresas pueden ser las mejores amigas de la llamada cuarta transformación si se integran dentro de la ecuación diseñada para mejorar al país.

Nota del editor: Esta columna se publicó originalmente en la edición 552 de la revista Obras, Tráfico de arena: despojo invisible , correspondiente a febrero de 2019 y disponible en Sanborns, Vips y en su edición digital en magzter.com.

(CIUDAD DE MÉXICO) – Nadie puede negar que la nueva administración tiene una dirección completamente distinta a lo que habíamos visto en las últimas décadas.

Es claro que los principios del neoliberalismo y la prevalencia del mercado sobre lo social han sido cuestionados, desafiados y enfrentados por el Presidente desde su toma de posesión, cuando destacó los estragos de lo que, a su juicio, el sistema neoliberal causó a nuestro país.

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Dentro de los motivos expresados por el actual mandatario está la grave afectación a los intereses sociales de las mayorías que, señala de forma puntual, se han visto perjudicados por un sistema caduco, por su ineficiencia, dado el control que unos cuantos tenían sobre el país.

Nadie puede dejar de aceptar que en los sexenios anteriores, en particular en el de Enrique Peña Nieto, la corrupción fue desmedida y descarada, así se percibió y sufrió por miles de empresas y negocios que no tuvieron acceso a oportunidades si no cedieron a los sobornos del funcionario que correspondía complacer.

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Pero en la presente administración no se ve una señal clara de cómo permitir que esas empresas legalmente constituidas, con años de experiencia y que han soportado a un México corrupto, puedan ver la luz.

Me refiero a múltiples firmas de construcción y consultoría que, no obstante, querer participar en los proyectos de infraestructura de este nuevo sexenio, no son tomadas en cuenta o sus intereses son afectados por las medidas de austeridad y los propósitos de la llamada cuarta transformación. No aprovechar su experiencia y dejarlas a un lado, literalmente, es afectar intereses de muchos mexicanos.

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La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, la construcción de nuevas obras por las fuerzas militares, la modificación de leyes como la de Tabasco, restringiendo la licitación pública y favoreciendo las adjudicaciones directas, y el comienzo de proyectos sin la apertura y claridad necesaria, como el Tren Maya, son elementos que claramente afectan proyectos existentes y oportunidades futuras para la consultoría y construcción, que pueden aportar más que nadie a este país, por su conocimiento local y compromiso con la nación.

Es importante que el Presidente y su equipo convoquen a todos los actores de la industria de la infraestructura para que ayuden a reconstruir moral y físicamente al país.

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Si el Presidente logra integrarlos y generar oportunidades de trabajo, logrará una triple banda: crear infraestructura, apoyar al sector de la construcción, y recuperar la confianza perdida desde hace muchos años.

Confiemos en que la alergia de la nueva administración hacia todo lo que parece neoliberal pronto se acote y se entienda adecuadamente, para comprender que las empresas pueden ser las mejores amigas de la llamada cuarta transformación, si se integran dentro de la ecuación diseñada para mejorar a nuestro país.
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Roberto Hernández García es Socio director de COMAD, SC.

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