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La tarea es en infraestructura: una oportunidad para el sector energético

La crisis de combustible que se vivió en algunas entidades refuerza la oportunidad de mejorar la infraestructura y revisar la logística de la cadena de suministro en el país, opina Eduardo Andrade.

Nota del editor: Eduardo Andrade Iturribarría es director general de Burns & McDonnell en México. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

CIUDAD DE MÉXICO (Obras) – Los problemas en el suministro de combustibles en algunas zonas del país el último par de semanas responden, sin duda, a la estrategia del Gobierno de la República contra el robo de combustible. De acuerdo con el gobierno federal, las pérdidas por robo de hidrocarburos durante 2018 ascendieron a 60,000 millones de pesos (mdp), razón por la cual se implementó el Plan Conjunto de Atención a Instalaciones Estratégicas de Pemex .

El problema no radica únicamente en el robo de hidrocarburos. Debemos considerar el estado de la infraestructura en materia de ductos y terminales de almacenamiento del país. Para dar mayor contexto, Pemex indica en su sitio web , que actualmente cuenta con una red de ductos con una longitud de 17,000 kilómetros para la transportación de petrolíferos y petroquímicos, conformada por 10 sistemas a lo largo del país.

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Esta infraestructura, sin embargo, no se ha actualizado en las últimas décadas. El Diagnóstico de la Industria de Petrolíferos 2018 de la Secretaría de Energía (Sener) indica que entre 2002 y 2018 tan solo se construyeron siete ductos nuevos, lo cual es limitado, si se toma en cuenta la demanda energética del país y el crecimiento poblacional. El mismo documento señala que “durante los últimos 17 años, solo se ha construido la Terminal de Almacenamiento Tapachula II en Chiapas, agregando menos del 1% a la capacidad de almacenamiento operativa nacional.”

Esto es de suma importancia, ya que las gasolineras son solo una parte de una cadena industrial compleja. La logística del suministro comienza con la producción de petróleo -una industria extractiva con cierto grado de impredecibilidad- y continúa con la refinación de dicho petróleo para convertirlo en combustibles. Finalmente se lleva a cabo su almacenamiento y reparto, que se puede realizar a través de ductos, buque-tanque, carro tanque o auto tanque.

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En esta cadena de suministros hay dos aspectos fundamentales: contar con suficientes ductos, que es el mecanismo de transporte de gasolina más efectivo, y con terminales de almacenamiento ubicadas estratégicamente para suministrar todas las regiones del país en tiempo y forma.

Para ilustrar esto, tomemos en cuenta la información que provee la Sener en su documento “Infraestructura Nacional de Petrolíferos, 2018”. Este indica que en la zona centro del país, hay 11 terminales de abastecimiento y 18 ductos, que suministran a los estados de Puebla, Morelos, Querétaro, el Estado de México y la Ciudad de México. En contraparte, la zona sur, que abastece a los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, cuenta con ocho terminales de abastecimiento y 10 ductos.

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La capacidad operativa de las terminales de almacenamiento de la zona centro es de 2.39 millones de barriles, mientras que la capacidad operativa total de los ductos que abastecen a esta zona es de 879,000 barriles por día. Aquí hay un claro desface de capacidades que terminan por afectar la cadena de suministro.

La breve crisis de combustible que se vivió en algunos estados y en la capital del país refuerza la oportunidad de mejorar esta infraestructura y revisar la logística de la cadena de suministro en el país. La logística de los combustibles ha sido materia de preocupación en la determinación de la política energética en México desde hace muchos años. Las reservas de combustible para abastecer, por ejemplo, a la Ciudad de México, en ocasiones han llegado a ser de solo algunas horas. Sin embargo, a pesar de que “algunas horas” puede resultar un término vago, les puedo garantizar que es muy poco, demasiado poco de hecho.

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Tan es así, que idealmente los inventarios disponibles para una zona como la capital del país deberán ser pronto de 15 días, como lo indica la reglamentación vigente. Esto obligaría a la construcción de tanques de almacenamiento cercanos a la zona de utilización del combustible y de un sistema de ductos para transportar los combustibles desde las refinerías y un sistema de refinación y/o importación de combustibles, vía puertos o ferrocarril.

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Si bien la estrategia para combatir el huachicoleo es fundamental, es necesario acompañarla de una política de protección que pase por la integración de un sistema de terminales de importación, almacenamiento y transporte, que juntos logren un robusto sistema de suministro de combustibles para el país.

El mejoramiento de la cadena de valor con la que contamos actualmente también se debe sustentar en el desarrollo del talento nacional en materia energética y en la actualización de la infraestructura. Es necesario que México tenga éxito al recuperar el estado de derecho y que se proceda a incorporar a los planes del gobierno la infraestructura de logística necesaria para acompañar los planes de incremento en la capacidad de refinación.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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