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La diplomacia de las sillas

FOTOGALERÍA: A pesar de que México tiene una antigua tradición en el diseño de sillas, pocos modelos logran representar al país en el exterior.
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Las posibilidades de que leas esto mientras estás sentado son altas y, de ser así, es casi un hecho que sea una silla tu soporte. Son muebles tan cotidianos que pocas veces reparamos en su diseño e historia. Y es que la industria mexicana tiene una ‘postura incómoda’ cuando se refiere a la producción de estos objetos. 

A pesar de que en el país siempre han surgido diseños reconocidos, desde los equipales prehispánicos hasta la silla Acapulco de la década de los 50, el desarrollo de nuevos diseños apenas comienza a tomar su segundo aire. 

Durante los últimos 100 años, arquitectos y diseñadores alrededor del mundo han incursionado en la creación de estos objetos, con algunas tan icónicas como la Barcelona de Ludwig Mies van der Rohe o la Egg Chair de Arne Jacobsen. Esto las ha posicionado como uno de los objetos predilectos del diseño industrial. 

“Las sillas son un vehículo idóneo para representar una idea estética en su totalidad. A diferencia de otras creaciones como los edificios, siempre hay otras consideraciones como presupuesto o el terreno y no permiten representar la idea clara, dura y pura de un arquitecto. La silla sí puede lograr la síntesis de una propuesta”, explica Emiliano Godoy, diseñador industrial  y fundador de Pirwi.

FOTO: Cortesía MUMEDI

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Los pioneros del siglo XIX

A finales del siglo XIX, la máquina de vapor y la electricidad permitieron la creación masiva de piezas y moldes, lo que permitió a diseñadores de Europa y Estados Unidos pensar en modelos que pudieran ser fabricados a gran escala, fortaleciendo un culto alrededor de los asientos como piezas de uso cotidiano, pero sin dejar de lado los elementos artísticos. Entre los primeros diseñadores destacados estuvieron David Thonet y, posteriormente, Gerrit Rietveld. 

“La silla clásica Thonet no. 14 es un hito en la utilización de módulos propios del trabajo del diseño de carácter industrial, y al mismo tiempo por su extraordinaria duración. Desde mediados del siglo XIX y hasta el momento actual sigue en producción este modelo”, dice la diseñadora Dina Comisarenco, autora del libro Diseño industrial mexicano e internacional, memoria y futuro.

De 1860 a 1915, el catálogo de la fábrica de Thonet había pasado de 25 muebles a casi 14,000. La demanda existía y el modelo no. 14 lo demostró: vendió en ese periodo 40 millones de copias. Esto atrajo las miradas de más arquitectos y diseñadores, impulsando el desarrollo de nuevas técnicas para ampliar el rango de materiales usados en la creación de las sillas.

FOTO: Cortesía MUMEDI

Otros ejemplos que cita Comisarenco son: “la silla Rojo y azul de Gerrit Rietveld, por su sencilla y extraordinaria propuesta de producción masiva pero que recupera también la satisfacción del trabajo manual artesanal; la Wassily de Marcel Breuer, por su sentido de espacialidad, elegancia y ligereza; la Tulip de Eero Saarinem, por su valentía al romper con el esquema de las cuatro patas y por su ergonómico diseño”.

En esos años México vivía otro contexto. Todavía hasta inicios del siglo XX la economía del país era principalmente agrícola, mientras que la electricidad y la máquina de vapor aún no estaban del todo asimiladas en la industria y la manufactura de productos.

“La historia se remonta al equipal prehispánico, por su originalidad y por su significativa utilización hasta la fecha en muchos talleres de artistas y estudios de intelectuales”, apunta Dina Comisarenco y agrega que fue hasta el siglo XX cuando destacaron los diseñadores Horacio Durán, Clara Porset y Oscar Hagerman en la creación de estos muebles.

FOTO: Cortesía MUMEDI

El primer ‘boom’

México tuvo un momento importante para el desarrollo de diseños originales de manera masiva. Fue el tiempo del modelo de sustitución de importaciones en la década de los 70 durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez. Su política buscaba importar la menor cantidad de productos para dar preferencia a la producción nacional.

“En esa época se vinculaba al arte, el diseño y la creatividad en la industria. La política económica permitió a los diseñadores mexicanos vincularse con empresas que maquilaban a nivel industrial, pero la crisis de la década de los 80 eliminó a las instituciones encargadas de cuidar este vínculo”, señala Emiliano Godoy.

Los diseñadores tuvieron que replegarse a pequeños talleres y a crear sus propios espacios de producción. La década de los 90 vio crecer a nombres como Ezequiel Farca, Héctor Esrawe, Jorge Moreno, Alberto Villarreal, entre otros. Fueron los diseñadores que decidieron convertirse en empresarios.

FOTO: Cortesía MUMEDI

Godoy explica que “la estructura productiva que soporta la fabricación de muebles de autor en otras partes del mundo, en México todavía no existe. Las creaciones nacionales de los últimos 30 años han sido de diseñadores que trabajan por su cuenta a baja escala. La mayoría compite a nivel internacional en temas de creatividad y propuesta pero no en producción industrial ni en costos”. 

Que en México el culto hacia las sillas ‘de autor’, y al diseño industrial en general, no haya prosperado no es un tema de falta de sensibilidad sino a un tema económico e industrial.

La industria manufacturera, que engloba la producción de muebles, registró crecimientos anuales de hasta 6.7% durante las décadas de 1950 y 1960, de acuerdo con datos del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas. Pero en 1980 su ritmo cayó drásticamente hasta un 2.1% anual, debido a la crisis que sufrió el país en esa década.

“El diseño industrial en México prosperó a pesar de la política económica, caso totalmente opuesto a países como Italia, Alemania o Suecia con industrias sólidas que producen millones de muebles y objetos de despachos y diseñadores”, agrega el fundador de Pirwi.

FOTO: Cortesía MUMEDI

Diplomacia de sillas

Cuando Álvaro Rego, director del Museo Mexicano de Diseño (Mumedi), viajó a Alemania hace unos cinco años para visitar el museo Vitra, que alberga la colección de diseño industrial y muebles más importante del mundo, encontró que las creaciones mexicanas estaban ausentes.

No quiso quedarse cruzado de brazos y comenzó a delinear una estrategia para lograr convocar a diseñadores a nivel nacional para encontrar una silla para ser la ‘embajadora’ mexicana en el museo Vitra.

Ese esfuerzo se materializó en la exposición MxSillas que albergó el Mumedi a finales de 2014. Gracias a la convocatoria, recibieron más de 480 sillas de toda la República Mexicana, de las que 124 lograron ser exhibidas.

"Queríamos demostrar que hay propuestas mexicanas que pueden competir en el mercado global. Uno de los requisitos es que las sillas tenían que estar ya fabricadas, no era una exposición de bocetos”, comenta Álvaro Rego.

“México tiende a ser sobreprotector en los concursos –añade Rego–, colocando a los estudiantes en categorías especiales, por citar un ejemplo. Esto entorpece la competitividad. Nosotros queremos enfrentarlos con el mundo real. La exposición también permitió que cinco diseñadores vendieran sus propuestas a empresas para fabricarlas”.

FOTO: Cortesía MUMEDI

MxSillas recibió un aproximado de 4,000 visitantes durante los dos meses que fueron exhibidos los muebles.

Ahora, el Mumedi espera que a mediados de 2015 puedan concretar con el museo Vitra la designación de una ‘silla embajadora’ de entre las que lograron ser parte de la exposición.

Su meta también es demostrar que el diseño mexicano no necesariamente debe estar cargado de elementos tradicionales y folclóricos, y que hay propuesta con valor y un concepto definido fuera de esos marcos.

“La silla es uno de los objetos más omnipresentes en la vida cotidiana de la gente de todas las épocas y lugares, y en México se caracterizan por la sencillez del diseño, por la sustentabilidad de los materiales utilizados, y por su carácter local y moderno a la vez”, afirma Comisarenco.

“Creo que sería posible impartir un curso de historia del diseño enfocado en la producción de sillas, porque generalmente resumen de manera perfecta los valores simbólicos más relevantes de sus respectivos contextos históricos, al mismo tiempo que se construyen con los materiales y las tecnologías disponibles en cada época y lugar”, asegura.

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