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¿Edificios enfermos? La cura viene de adentro

El interiorismo mejora padecimientos de las construcciones, a fin de cumplir los estándares internacionales y no afectar la salud de sus ocupantes.
Hotel Howard Johnson Alameda
Hotel Howard Johnson Alameda - (Foto: Cortes�a DIN Interiorismo)

Un edificio enfermo sin duda carece de un buen interiorismo. "Antes no se le daba importancia al tema, se construían edificios sin planear el interior. Se creía que lo mejor era un espacio cerrado sin distracciones, cuando hoy sabemos que es al revés: para una mejor productividad necesitas color, vista, texturas, luz natural y comodidad", explica Julio César Chávez, presidente de la Sociedad Mexicana de Interioristas. 

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 30% de las oficinas en el mundo padecen el síndrome de edificio enfermo, lo que provoca afectaciones en la salud de los usuarios de estos espacios; y si consideramos que hoy en día las personas pasamos la mayor parte del tiempo dentro de diversas instalaciones, resolver los problemas interiores de las edificaciones es fundamental para el mejor desempeño en todos los sentidos.

El síndrome del edificio enfermo se refiere a problemas agudos de salud debido al tiempo que las personas pasan en un inmueble , y no en una enfermedad específica, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés).

De acuerdo con el Leadership in Energy & Environmental Design (LEED), las razones fundamentales para curar estas construcciones son: aumentar la productividad y el bienestar de los ocupantes, incrementar el valor comercial de un edificio y lograr una diferenciación de la competencia. 

Nota relacionada: 8 consejos para sanear un edificio enfermo

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El origen de los males

De acuerdo con Aurelio Vázquez,  director creativo de la empresa DIN Interiorismo, las principales causas por las que una construcción se enferma son: equipos viejos de aire acondicionado o extracción y construcciones que carecen de ventilación e iluminación natural por sus bajas alturas y otros problemas estructurales. 

Por su parte, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), señala que en estas construcciones generalmente hay presencia de contaminantes químicos y biológicos provenientes de alfombras y materiales que acumulan polvo, humedad, ruido y clima artificial. 

Aunque no hay un conteo de edificaciones enfermas en México, considerando oficinas, escuelas, viviendas y hospitales, estimaciones de la empresa inmobiliaria Grupo Xtra —basadas en datos de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios y la Secretaría de Trabajo y Previsión Social—, consideran que hay alrededor de 200,000 centros de trabajo enfermos, que afectan a 30% del personal. 

En lo que se refiere a la Ciudad de México, Juan Carlos Baumgartner, de la firma Space, afirma que existen alrededor de 6 millones de m2 de oficinas en la ciudad, de los cuales el experto calcula que alrededor de 4 millones de metros no cumplen con la calidad mínima para ser considerados adecuados.

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Para un buen diagnóstico

Definir la estrategia para una sanación de raíz requiere conocer cuáles son los problemas identificados por las personas que ocupan el lugar y evaluar aspectos como:

Temperatura: la ideal en los edificios es de entre 20 y 25 grados, de acuerdo con la NOM 020-ENER-2011.

Ruido: el tolerado en fuentes fijas, como un edificio, es de hasta 68 decibeles, de acuerdo con la NOM-081-ECOL-1994.

Contaminación del aire: La Organización Mundial de la Salud en su informe 'WHO Guidelines for indoor air quality: selected pollutants', señala diversos compuestos tóxicos que son posibles de encontrar en ambientes interiores, como benceno, dióxido de carbono, monóxido de carbono, hidrocarburos aromáticos policíclicos y tetracloroetileno. Los principales generadores son el uso de solventes, estufas en malas condiciones y humo de cigarrillos.

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Iluminación: el bajo alumbrado, la falta de contraste o el brillo excesivo generan irritación de ojos y dolor de cabeza. 

Ventilación: de acuerdo con la European Concerted Action, los sistemas de ventilación contribuyen a reducir la concentración de contaminantes; sin embargo, es importante tenerlos limpios y evitar que el aire recircule.

Antes/ Cortesía DIN Interiorismo

 

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Después/Cortesía DIN Interiorismo

CIHAC, predicar con el ejemplo

Un caso emblemático de lo que el interiorismo puede hacer por un edificio enfermo es el Centro Impulsor de la Construcción y la Habitación, CIHAC.

Esta remodelación costó alrededor de 10 millones de pesos en 2011, "que fueron recuperados en seis meses, pues al concluir la intervención el edificio fue valuado en tres veces más de lo que costaba originalmente", explica Pablo Álvarez Romo, responsable de sustentabilidad del CIHAC.

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Se trata de un edificio con casi 30 años de antigüedad, cuyas instalaciones no daban confort; carecía de luz natural, tenía mucho ruido exterior y la temperatura no era la adecuada.

El rediseño buscaba mejorar la calidad y el desempeño, pero también volverse un referente. De ahí que buscó obtener la certificación LEED platino.

El mayor desafío fue el tema de la temperatura y el aire limpio, es decir, la solución bioclimática, para contar con un sistema de ventilación que garantizara confort térmico y calidad del aire, sin recurrir al tradicional aire acondicionado. 

"Decidimos aprovechar las condiciones naturales de la ciudad y hacer dos invernaderos para acondicionar el edificio: uno frío, orientado al norte donde casi no recibe sol; y otro caliente, orientado al sur, que recibe sol buena parte del día. Estos invernaderos permiten tomar aire con la temperatura que se requiere, filtrarlo e introducirlo a las áreas de trabajo", explica Álvarez. 

Otras soluciones fueron colocar plafones acústicos, con aislamiento mineral en techos y muros, para evitar ecos y resonancias; llevar luz natural al interior a través de tubos y eliminar muros y divisiones y utilizar colores claros. 

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La ergonomía fue otro tema muy cuidado: casi todo el nuevo mobiliario está hecho con maderas con certificación FSC (Forest Stewardship Council), materiales reciclados o reciclables con bajo contenido en contaminantes orgánicos volátiles, y en su mayoría hechos en México. La iluminación se hizo con ledes, asistida por sensores. 

Como resultado se obtuvieron mejoras importantes en la temperatura del edificio. Actualmente se logra un consumo energético cinco veces menor al del más eficiente aire acondicionado, además todas las áreas de trabajo tienen vista a las áreas verdes. 

Antes de la remodelación, los empleados tenían molestias y enfermedades respiratorias y había numerosos comentarios de que no trabajaban a gusto. A dos años de la remodelación, Pablo Álvarez comenta: "Logramos con creces el aumento de la productividad, la motivación y el disfrute. No es sólo un nuevo lugar de trabajo, sino una nueva manera de trabajar", afirma Álvarez.

Antes/Cortesía DIN Interiorismo

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Después/Cortesía DIN Interiorismo

Instalaciones obsoletas: focos de infección  

DIN Interiores encabezó una intervención del hotel Monte Real, hoy Howard Johnson Alameda. Se trataba de un edificio con problemas de ventilación, malos olores, poca iluminación y techos bajos. 

Algunas de las soluciones fueron: la mejora en los cubos de entrada de luz y ventilación y la instalación de sistema de aire acondicionado. Para solucionar el tema de malos olores se cambió el mobiliario, y las alfombras fueron sustituidas por pisos vinílicos. También se quitaron plafones para ganar altura y generar espacios iluminados. 

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"Para ganar la máxima altura y evitar esa sensación de asfixia, instalamos unos plafones que apenas caían 12 cm, a fin de resolver el problema de la mala iluminación, sin afectar aún más la escasa altura", explica Aurelio Vázquez.

Con estos cambios y un nuevo concepto interior, "este hotel logró incrementar su tarifa en un 300%. La construcción no era mala, así que sólo se transformó y los beneficios fueron inmediatos", explica Vázquez.

Democratizando la luz natural

Las oficinas del periódico Excélsior, ubicadas en un edificio construido en los años veinte, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, también requirieron una intervención. Los espacios tenían techos bajos, instalaciones pesadas, grandes columnas estructurales en medio de las áreas y espacios con formas irregulares. "Había problemas de hacinamiento, mala distribución y poca luz natural", explica Vázquez.

Para enfrentar estos problemas se eliminó la mayor cantidad de muros interiores y se aprovechó la entrada de luz natural a través de la fachada de vidrios ahumados; se hicieron oficinas y zonas de trabajo con menos divisiones o divididas por cristales; se redujeron las oficinas cerradas, y las pocas que quedaron, se llevaron al centro del edificio para que no obstruyeran la luz.

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"Modernizamos el mobiliario, cambiamos el viejo sistema de iluminación y, a fin de aprovechar las columnas estructurales, las forramos con vidrio esmerilado para que fueran aprovechadas como pizarrones", explica Aurelio.

Otro ejemplo de saneamiento es la intervención en el hotel Pirámides, ubicado en la colonia del Valle, en el Distrito Federal. Este espacio ha sufrido diversos cambios durante sus ya 70 años de existencia. Fue un hotel de fin de semana, motel de paso y hoy se publicita como un hotel del amor, "de paso, pero bonito", explica Vázquez. 

En este caso los patios interiores se integraron a las pequeñas habitaciones para conseguir mayor espacio. La poca iluminación natural disponible se corrigió mediante domos. Esta remodelación se aprovechó para cambiar las instalaciones hidrosanitarias y la instalación eléctrica. Con este proyecto la administración aumentó sus tarifas y consiguió un mercado más exclusivo.  

Antes/ Cortesía DIN Interiorismo

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Después/ Cortesía DIN Interiorismo

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