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La 'sonotectura' trae de vuelta el espíritu de Woodstock

Arquitectura de interiores, música y psicología se funden para crear un concepto al servicio de la enseñanza en The Contemporary Music School.
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Aprendizaje_2 - (Foto: Cortes�a Boutique Arquitectura )

Decía Iannis Xenakis que hacer música o arquitectura es "crear, engendrar ambientes que envuelven sonora o visualmente poemas". El compositor, teórico, arquitecto e ingeniero que trabajara bajo las órdenes de Le Corbusier es uno de los puntos de partida para Luis Farfán y Alejandro Chávez, arquitectos que conforman Boutique de Arquitectura, y quienes desarrollaron la 'sonotectura' en The Contemporary Music School.

La 'sonotectura' es un concepto que los arquitectos Farfán y Chávez, de la mano de la psicóloga Elisa Martínez de Velasco, trabajan desde hace tiempo; y que, explican, es la manera de unir música y arquitectura. No hay una fórmula exacta para combinar la arquitectura con la música trasladando una nota musical o frecuencia a un espacio, porque en algún punto llegas a darle un valor que es relativo, explica el arquitecto Luis Farfán.

Egresado del Tecnológico de Monterrey, Farfán apunta que la única forma de ligar música y arquitectura es a través de la psicología. La acústica, comenta, es el primer ligue porque es el estudio de la música o sonido en el espacio, a través de los instrumentos, la parte material de la música. "Cuando combinas esas dos cosas, te dan elementos estructurales o elementos arquitectónicos; la idea es plasmar elementos que tengan un sonido, una vibración".

La psicóloga Elisa Martínez explica a Obras que los colores 'vivos' con los que diseñaron la escuela, ubicada en la calle de Parroquia, en la colonia Del Valle, eran importantes para que los asistentes se sintieran en un espacio que los invitara a quedarse. "La combinación de arquitectura, música y psicología logró unos espacios donde las personas se sienten libres de hacer lo que quieran, de tocar sin ser juzgadas".

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Explica que existen varios estudios en relación con las frecuencias que los humanos recibimos, cómo es que el cerebro funciona, desde dónde proviene la emoción de ciertas frecuencias, cómo es que un tono bajo te da tristeza o uno alto te alegra. "Toda esta parte del estudio de los sonidos y la música siempre la tenemos presente".

Elisa asegura que cada elemento que utilizaron los arquitectos en el diseño de la escuela, se queda como una especie de flashazos en la mente de las personas, y explica: "El cerebro busca algo novedoso, algo diferente", entonces ese juego que ellos hicieron —el camino del piano y los elementos estructurales musicales— incitan a quedarse y estudiar música.

El espíritu de Woodstock
Desde que se entra a la escuela el ambiente es armónico, el colorido poster de un Jimmy Hendrix de mirada profunda invita a caminar por el pasillo de madera que simula las teclas de un piano, y que te lleva por cada rincón de la escuela. Farfán dice: "Uno por inercia sigue la luz".

Lo primero que se halla es el diseño de lo que para los arquitectos es la esencia de la guitarra eléctrica: Gibson Les Paul (considerada, junto con la Fender Stratocaster, la guitarra eléctrica de cuerpo macizo más popular del mundo), que alguna vez utilizó Paul McCartney. Las cuerdas, son cables de acero de 1/8" de diámetro y fueron tensadas para colgar las secciones de las barras que se encuentran en voladizo, y que se convierten en la primera invitación a crear sonido. Casi todo los que pasan por ahí, tienen la intención de sacar un sonido de la cuerda.

Lo que querían lograr los arquitectos es que los alumnos y los maestros se sintieran en un lugar libre. Para esto, se basaron en el concepto de libertad y creatividad de los años sesenta, en específico de Woodstock, aquel concierto al aire libre donde Jimmy Hendrix y Janis Joplin dieran una de sus mejores presentaciones, explican.

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Para incentivar el espíritu creativo, los arquitectos decidieron romper esquemas y alejarse de las clásicas escuelas donde enseñan música en lugares grises y limitados.

En The Contemporary Music School los salones fueron diseñados con alfombra verde reciclada que simula pasto y aprovechan en gran proporción la luz natural.

En el caso de los salones y las cabinas de ensayo, los arquitectos decidieron utilizar madera, específicamente pino, como elemento principal para apuntalar la acústica. "La madera te ayuda a reflejar. Hay dos tipos de superficie: la absorbente y la reflejante. En este caso, la alfombra lo que hace es absorber, y la madera reflejar, y te da diferentes tipos de reverberaciones. Todo un sentido figurado; el pasto, espacio abierto para darle un toque más vivo, y la madera porque te remite a algo más viejo".

"Si te das cuenta no se escucha como eco. En general, está modulado. No está tan seco el sonido, no rebota tanto", dice Farfán, y agrega: "También nos dedicamos a la parte gráfica; el número de salón no es nada más un número, es un boleto de concierto de alguna banda legendaria en donde se ve el día, la hora y lugar donde se realizó el recital".

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Todo lo que se encuentra en los salones fue diseñado por los arquitectos, desde los banquitos que son para tocar, la selección del mobiliario, los ganchos para la guitarra, etc.

Reciclaje musical
El visitante está rodeado de colores intensos y fotografías de gran formato de iconos de la música, incluso un poster de The Beatles, firmado por ellos mismos.
Los arquitectos recorrieron tianguis de 'chácharas', ventas de garage y todo aquel lugar donde pudieron recuperar un accesorio que sirviera para sus diseños.

"Esto salió como parte del primer concepto de reciclaje musical, que era una idea fuerte que teníamos, donde elementos musicales como platillos, micrófonos y luces se mezclaron con mobiliarios", cuenta Luis Chávez.

Hay una mesa inspirada en la guitarra, los árboles son de platillos; "todo eso le da unidad a la escuela, se nota que es una escuela de música, no sólo porque hay un vinil", agrega.

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Farfán comenta que los estudiantes interactúan con la escuela; cuando pasan por los instrumentos que forman parte del diseño tocan las cuerdas o los platillos. "Es divertido ir a tomar clases, hay música, hay un vaivén de interacción".

La intención de los arquitectos es generar un recorrido que provoque que el caminante esté más tiempo dentro de la escuela. "Las salas de estudio individual son como una especie de vitrina donde se ve a las personas ensayando".

La azotea, donde termina el recorrido y, en cierta forma, la enseñanza de los alumnos, cuenta con un cubo donde los futuros músicos ofrecerán recitales y pondrán en práctica lo aprendido. Como dicen los arquitectos, que también son músicos, la ilusión es grabar un disco y tocar en vivo.

En la terraza, se aprovecha el gran muro blanco del edificio de enfrente para proyectar imágenes y películas, a manera de una intervención urbana.

La azotea sigue la línea 'verde'. Ahí, incorporaron especies que requieren poca agua: "Tenemos varios fornios, realmente no necesitan tanta agua; los compaginamos con bambús".

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Los árboles de platillos son parte del ornamento de la azotea, que iluminados por las noches crean una atmósfera cálida, mientras el viento los hacer sonar.

Mercadotecnia
Para que funcionara este proyecto, los arquitectos hicieron un estudio de mercado que reveló que el mejor lugar para ubicar la escuela era en la Plaza de Parroquia, donde hoy ocupa el número 406, en esquina con Moras, en la Ciudad de México.

Para llamar la atención, se alejaron del tradicional volante o espectacular; los maestros tocaban en las plazas.

Aunado a los diseños inspirados en los iconos musicales de la década de los 60, 70 y 80, los colores vivos, las imágenes en gran formato, han ocasionado, según los arquitectos, que 70% de quienes se han inscrito, lo hagan después de visitar la escuela.

Chávez explica: "Hay dos cuestiones interesantes. La primera es llamar la atención de las personas; ya tienes un 50% ganado, entran y voltean a ver todo, genera curiosidad, factor clave del diseño. Complementado con los programas, el alumno se siente atrapado, y ya tiene como todas las bases para tomar una decisión".

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La pedagogía musical
Wilder Medrano Eyzaguirre es el director de The Contemporary Music School. En su natal Bolivia trabajó en el Conservatorio Nacional y, en México, es considerado uno de los mejores guitarristas. Comenta: "Da mucho gusto estar acá y dar las clases más de cerca con alumnos; somos estrictos en términos educativos".

El profesor asegura que con los ambientes diseñados por los arquitectos, los alumnos "se siente en confianza, más liberados, no se sienten atemorizados por cometer errores". Explica que los músicos tienden a ser depresivos, y el entorno ayuda "a sentirnos cómodos espiritualmente hablando; absorbes las cosas positivas que te da la música".

Otra de las innovaciones es la incorporación de tecnología para la enseñanza. Los salones de clase tienen i-Pads, hardware y software creado por Apple, y una red inalámbrica de alta velocidad para la trasferencia de datos. Incluso, todos los espacios al interior de las instalaciones se comunican por medio de 'smart TV', ahí los alumnos ven las clases de otras materias aunque no estén inscritos.

El profesor Omar Jiménez considera que esto "crea un sentido de comunidad, lo hace más interesante, y lo pueden ver en el i-Pad; es más visual, están escuchando lo mismo en un sentido comunal".

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El método para dar las clases es importante, lo analizamos por la experiencia que tenemos dando clases, precisa. En otras escuelas se dan clases del instrumento con una duración de dos horas, pero por horas individuales los alumnos se enfocan a trabajar los temas que necesitan; ya no son dos horas, sino cinco.

Los inversionistas
Fernando Martínez de Velasco, socio mayoritario del inversionista Grupo Colores Sonoros confió en el proyecto de los arquitectos de The Contemporary School, que tuvo un costo de 3 millones de pesos. Explica que debido a la expectación que ha causado el diseño de la escuela, están pensado abrir otra en Interlomas.

Martínez precisa que Luis Farfán entendió que quería romper esquemas, y explotó la lluvia de ideas; "queríamos invitar a la creatividad, y lo potenciaron; la escuela debe de ser disciplina pero no solamente".

En The Contemporary Music School el objetivo es que los alumnos conozcan la historia de la música y la vida de los músicos que marcaron la historia del rock de los 60 a los 80, para dar con un estilo propio, aseguran los maestros, que así se apegan a lo dicho alguna vez por el filósofo alemán Nietzsche: "Sin la música, la vida sería un error".

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