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Hasta luego, ¡majaderos! El reto para AMLO

OPINIÓN: Es una excelente oportunidad para que toda la gentuza que usufructuó los cargos públicos con arrogancias y vulgaridades se vaya a su casa.
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549_Roberto - (Foto: ESPECIAL/FOTO: iStock)

Nota del editor: Esta columna se publicó originalmente en la edición 549 de la revista Obras,  'Deportivos + hospitales, Infraesructura para la salud' , correspondiente a octubre de 2018.

(CIUDAD DE MÉXICO) – Desde 1989, primero como pasante y después como abogado, he tenido contacto con servidores públicos de los tres niveles de gobierno. Muchos han sido duros, otros débiles, otros enérgicos y otros muy colaborativos, y esto no sólo me ha enseñado lo bella que es la función pública, sino lo difícil que puede ser, dependiendo del carácter y personalidad de quienes la desempeñan.

Lamentablemente en este sexenio conocí a los dos servidores públicos más majaderos y soeces de mi existencia; uno de ellos, mujer.

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Desde que los vi por primera vez, su actuar hacia mis clientes fue de arrogancia, reto y majadería extrema. Un día el varón recibió a un cliente con palabras altisonantes y vulgares, sin importarle quién estuviera en la mesa (disfrutando que hubiera mujeres para demostrar su 'valentía').

La mujer no era distinta, tenía una actitud grosera y de mal trato hacia los demás, lo que pocas veces he visto en una profesional de su grado académico y posición.  Ambos lideraban proyectos de gran magnitud e importancia para el país.

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Más allá de estos sujetos, es claro que pocas personas tienen realmente vocación pública. Un servidor público que defiende la ley y lucha férreamente para que un contratista no abuse pero siempre con seriedad y entereza, sin mañas ni groserías, merece todo el respeto.

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En cambio, un servidor público que no pugna por el interés que representa y además amenaza y amedrenta a los contratistas y/o proveedores, haciendo uso de su "poder" para lastimar a las empresas y ofender a sus representantes, sólo se merece el desprecio; no sólo porque viola la ley con su conducta, sino porque desmerece el servicio público.

La entrada de la nueva administración y el nuevo equipo es una excelente oportunidad para que toda la gentuza que usufructuó los cargos públicos con sus arrogancias y vulgaridades se vaya a su casa, y entren personas con disposición, voluntad y coraje. Sí, coraje para enfrentar los grandes retos de la administración, que no son pocos.

Si bien el mensaje de campaña de Andrés Manual López Obrador de 'si la cabeza está bien y hace las cosas bien, los de abajo las harán igual' es un poco idealista, existe el convencimiento de que si el presidente electo toma la decisión de actuar con honestidad, transparencia y por el bien del país, sus colaboradores se apegarán al 'estilo de la casa' que promete, al menos, ir por el camino de la legalidad y la honestidad.

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El sexenio que acaba nos dejó un pésimo sabor de boca, dicho por muchos durante su trayecto: falta de transparencia, de integridad, de decencia. Y no lo digo yo, el 1 de julio de 2018 la gente lo ratificó.

Espero que le digamos adiós para siempre a la gentuza que tuvo cargos públicos sin darse cuenta de que esa tarea es un honor, y también deseo que la 'cuarta transformación' de México implique una renovación de los cargos públicos para ser ocupados por verdaderos servidores, en beneficio de nuestro país y no para abusar de él.

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* Socio director de COMAD, SC.

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