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La oportunidad que (nos) ofrece Trump en comercio e infraestructura

OPINIÓN: Es sorprendente que, en ambos lados de la frontera, la misma gente que negoció el TLCAN, siga dominando esa relación para sus intereses.
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528_Norman - (Foto: Especial)

Nota del editor: Esta columna se publicó originalmente en la  edición 528 de la revista Obras , 'Reinvertar la Ciudad. Hábitat III: agenda urbana 2050', correspondiente a diciembre de 2016-enero de 2017. 

(CIUDAD DE MÉXICO) – Estados Unidos y México tienen la oportunidad única de darle nueva vida a su relación, una más productiva, en especial en temas de comercio e inversión en infraestructura.

¿No me cree? Claro, por ahora la situación es muy delicada, "al rojo vivo", para retomar las palabras usadas en el lanzamiento de la campaña de Donald Trump, a mediados de 2015; pero existe un gran interés común entre mexicanos y estadounidenses en cuanto a la infraestructura que requieren y las políticas para que ambos países prosperen de forma conjunta.

Hay dos hechos que deben reencauzarse porque han envenenado la relación bilateral desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en 1994, y que la mayoría de mexicanos y estadounidenses ven, y a los cuales Trump y Bernie Sanders dieron voz.

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Primero, la alianza entre las élites de México y los cabilderos corruptos de Washington, que ha distorsionado el vínculo entre la infraestructura y el comercio, la cual debió haber evolucionado de forma natural durante los últimos 25 años. Es sorprendente que, en ambos lados de la frontera, la misma gente que negoció el TLCAN siga dominando esa relación para sus intereses y los de sus clientes.

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¿Dónde están los proyectos que incrementarían el empleo tanto en México como en Estados Unidos? ¿Dónde están los proyectos de tratamiento de aguas y aguas residuales? ¿Qué hay del proyecto del área de manufactura avanzada en el norte de México, que habría generado empleos en ambos lados del Río Bravo?

El segundo hecho es que la mayoría de los mexicanos saben que el TLCAN fue un acuerdo corrupto, un tratado promovido por las élites de ambos partidos políticos en Estados Unidos y favorecido con 80 millones de dólares (mdd) que el presidente Salinas 'invirtió' en el cabildeo en Washington.

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Incluso, ni los estadounidenses ni los mexicanos participaron en la toma de esta decisión hace 25 años, de hecho, ni siquiera les fue 'vendida' la idea, simplemente les fue impuesta. El resultado fue una profunda infelicidad en ambos lados de la frontera, que se ha agravado terriblemente desde entonces.

Ahora, como vecinos, ¿cómo podemos construir nuestras economías a partir de un comercio y una inversión en infraestructura que nos beneficie a ambos? Algo que es claramente real en mi país, es que los estadounidenses admiran a los mexicanos, punto.

Admiramos su música vibrante, el sabor extraordinario de su gastronomía, los colores increíbles que definen sus vidas, su generosidad fenomenal y el valor con el que proyectan sus emociones. La mayoría de nosotros los conocemos bien, y no solo admiramos lo duro que trabajan, sino que nos maravillamos con la creatividad generada por ese arduo trabajo.

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Así que, ¿cómo revitalizamos nuestra relación (revitalizamos el TLCAN) sin las élites corruptas que monopolizan las inversiones en infraestructura y los acuerdos de comercio? ¿Cómo reconstruimos nuestra relación para que ambos países tengan un mejor futuro, que prometa más empleos, oportunidades de primera clase para nuestros niños y un crecimiento económico a largo plazo basado en beneficios mutuos para todos los ciudadanos?

1. Desarrollar la cuarta revolución industrial

El mundo ha cambiado en los últimos 25 años, y lo seguirá haciendo de forma muy rápida. La gente se siente angustiada sobre su futuro y el de sus hijos, necesita esperanza. Estamos en medio de una enorme revolución económica.

¿Qué necesitamos para optimizar las inversiones en infraestructura y hacer que ambas economías trabajen mejor juntas? La idea de tener un acuerdo que durante 24 años no se ha reformado (excepto por la acción de los cabilderos) mientras atravesamos por un cambio nunca antes visto, es un error.

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Construyamos una comisión hoy, para informar dentro de 12 meses sobre cómo cimentar una relación moderna y poderosa entre México y Estados Unidos, una relación que involucre a nuestros ciudadanos en el diálogo y nos lleve a un futuro dinámico que nos beneficie a ambos.

2. Tomar la iniciativa de Robert Frost

El negocio del muro es simplemente una metáfora para el estado de derecho, y no es una mala metáfora. Como Frost escribió al principio de su famoso poema Reparar el muro:"hay algo que no ama a un muro", y eso es cierto, pero el mejor poeta de Estados Unidos concluye con una línea muy distinta, con la afirmación de que las "buenas bardas hacen buenos vecinos".

Cada mexicano sabe que una casa sin un muro no está muy bien; estamos hablando del estado de derecho y de cómo podemos crear en conjunto y de una mejor manera, a dos países donde los temas clave de soberanía están bien manejados al asegurar que lo que es suyo sea claramente suyo, y lo que es nuestro sea claramente nuestro.

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Nota: Desde la elección, el presidente electo Trump apenas ha hablado del tema de la inmigración, pues está enfocado en la creación de empleos. ¿Cuál es la mejor forma de que nuestro buen vecino, México, sea nuestro gran socio en la creación de empleo? Mi predicción es que habrá más comercio con México, incluyendo temas de energía, y habrá más inversión en infraestructura con México, siempre y cuando esos proyectos sean productores de empleos a largo plazo para ambos países.

3. Terminar con las élites corruptas en ambos países

¿Cómo removemos a las élites corruptas de la ecuación del comercio y la inversión en infraestructura? La administración de Trump comenzará a hacerlo tan pronto como suba al poder.

Por parte de México, el gobierno debería cortar el suministro de efectivo a los cabilderos de Washington de inmediato. Esto es necesario para tener una perspectiva nueva tanto de la economía global como de nuestras economías, y así poder tomar decisiones transparentes sobre la forma como queremos lograr el éxito para ambos países.

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Los dirigentes mexicanos necesitarán hacer algo que no han hecho en 25 años: construir nuevas relaciones con nuevos dirigentes en Washington, que se preocupen por su país, junto con los que también nos preocupamos por el futuro de Estados Unidos y de México.

En resumen, existen tres urgencias:

Primero ¿cómo priorizamos la infraestructura que beneficia a la clase media mexicana, incluyendo aguas y aguas residuales, mejores vialidades y formas de crear oportunidades en la nueva ola de infraestructura, con vehículos sin conductores, energía solar, impresión 3D, paneles transparentes, para que México deje de pagar 80% más por proyectos que ya son pagados por otros países?

Segundo, ¿cómo priorizarían la infraestructura transformativa en México, ésa que haría al país un socio comercial de alto valor añadido para Estados Unidos, para que no compitan con las tasas de mano de obra, sino que se complementen y acompañen durante la cuarta revolución industrial?

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Una forma de ser mejores vecinos es ayudando al otro a optimizar los proyectos clave para transformar las bases de manufactura de ambas naciones.

Eso debe ser una prioridad, si se piensan los grandes proyectos en conjunto: la construcción de una zona tecnológica en el 'cinturón verde' que una a Guaymas, los Mochis y Mazatlán con Matamoros, por ejemplo; o la construcción de una línea férrea de alta velocidad de Monterrey a Houston; o bien tomar una decisión para tener una cobertura de tratamiento de aguas residuales de la totalidad de municipios de 50,000 o más habitantes en todo América del Norte.

Tercero. Ahora que la administración de Trump comienza con el trabajo colosal de transformar finalmente la matriz de infraestructura de Estados Unidos (1,000 mdd extra en inversión es —que no quepa la menor duda— realmente transformador) en una potencia global, ¿cómo pueden participar las firmas mexicanas de ingeniería, finanzas, tecnología o manufactura en el renacimiento en México, en Estados Unidos y en el mundo entero?

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Esto no es un mundo nuevo, no es un mundo oscuro. Es un mundo lógico que responde a las enormes presiones por el cambio en ambos lados de la frontera. Nuestros dos países —buenos vecinos, pero con el potencial de ser aún mejores—necesitan abordar ese futuro de forma agresiva, creativa, enérgica y, sobre todo, estratégica.

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* Norman F. Anderson es presidente y CEO de CG/LA Infrastructure

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