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Retrospectivas hacia el futuro

EDITORIAL: Con este ejemplar Obras arriba a su edición número 500. A lo largo de casi 42 años ininterrumpidos de publicación mensual, desde enero de 1973, hemos sido testigos periodísticos de la evolución de la industria de la construcción.
Editorial 500
Editorial 500 - (Foto: Archivo Obras )

Las miradas al pasado sólo sirven cuando nos dicen algo interesante para el futuro. Si Mathias Göeritz, Octavio Paz y Víctor Hugo definieron respectivamente a la arquitectura (y por ende la construcción) como “reflejo del estado espiritual del hombre en su tiempo”, “testigo insobornable de la historia” y “el gran libro de la humanidad”, resulta oportuno revisar las obras de infraestructura, las edificaciones y la propia evolución de las ciudades para dar cuenta de nuestra evolución como industria, sociedad y país.

Con este ejemplar Obras arriba a su edición número 500. A lo largo de casi 42 años ininterrumpidos de publicación mensual, desde enero de 1973, hemos sido testigos periodísticos de la evolución de la industria de la construcción.

Es por ello que el equipo de editores decidimos hacer en este número un recuento de 500 momentos, que por su significado en el tiempo de su realización o su trascendencia, dieron un giro a la industria con mayor impacto en otros sectores económicos del país. 

Aunque la historia de la construcción en México es incluso más longeva que el país mismo, su conformación como industria es relativamente corta. 

Surgida durante el llamado ‘desarrollo estabilizador’ –a mediados del siglo XX– con la misión de ser un motor del crecimiento económico y del empleo, la industria de la construcción estuvo atada en sus primeros años a los presupuestos y los caprichos políticos por generar obra pública. Así sucedió con el corporativismo, en la era de la ‘administración de la abundancia’ y luego con las recurrentes crisis económicas y los pactos. Pero de 1994 a la fecha, la apertura de México a los mercados globales fue propiciando que las constructoras aprendieran a revertir la dependencia de los presupuestos oficiales.

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Este proceso no fue lineal, mucho menos planeado. Se trató de una suma de acciones que de manera fortuita dieron forma a lo que hoy tenemos como industria. Por ello es que este ejercicio editorial –lejos de hacer una línea de tiempo o una cualificación de los sucesos– presenta de forma no lineal la suma de edificaciones, políticas públicas, fenómenos económicos, tendencias, innovaciones e incluso actos de corrupción.

Desde luego no son todos, tampoco los estrictamente más importantes, son sólo una mirada a la memoria y una provocación para la reflexión del futuro.

 

—Los editores

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