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Texcoco: un Shangri-La aeronáutico

EDITORIAL: Quizá pronto podríamos sumar a la lista de búsquedas fantásticas como la Atlántida, Shangri-La, Utopía o la misma Aztlán un aeropuerto en Texcoco.
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Pareciera como un relato místico: una deidad pide a su pueblo ir en pos de un lugar donde al fin sus sufrimientos podrían terminar y podrán fundar una nueva era. Quizá pronto podríamos sumar a la lista de búsquedas fantásticas como la Atlántida, Shangri-La, Utopía o la misma Aztlán el relato de la mítica búsqueda aeronáutica para establecer un aeropuerto en Texcoco. 

Desde el inicio de este siglo, tres gobiernos federales han pugnado por establecer una terminal alterna o un nuevo aeropuerto en el Bordo Poniente, el único bastión dentro de la mancha urbana capitalina, con espacio suficiente –poco más de 1,200 hectáreas– para albergar las pistas de aterrizaje y despegue, con las que se aliviaría la saturación del actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Las fallidas compras de los terrenos de San Salvador Atenco en 2001, las protestas de los habitantes de esos poblados en 2006 y las propias condiciones hidrológicas y del suelo del exlago de Texcoco han puesto barreras a la realización del proyecto aeronáutico. Ahora inicia un intento más, esta vez acompañado de los estudios de mecánica de suelos, impacto ambiental y factibilidad que han sumado las anteriores experiencias y con un presupuesto anunciado en el Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018, que considera 120,000 millones de pesos para lograr el objetivo.

Aunque al cierre de esta edición, el proyecto de ampliación del AICM no se había licitado oficialmente; desde diciembre de 2013 el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, ha mencionado en diversas ocasiones la ventaja de contar con los terrenos en Texcoco (la reserva federal cuenta con más de 4,500 hectáreas, que incluyen la zona del Bordo Poniente). También es un hecho la pasarela ante SCT de despachos nacionales e internacionales de arquitectura para concursar sus propuestas de diseño.

Pero no hay que olvidar que los retos siguen ahí. El sistema de lagos artificiales que conforman la reserva federal de Texoco cumplen la función de vasos reguladores de lluvias que evitan inundaciones en la zona oriente del área metropolitana; además el suelo del lago desecado tiene una consistencia poco apta para soportar construcciones pesadas (las pistas llevan 11 capas de material, según las normas internacionales); la topografía es susceptible de inundaciones, hay flora y fauna que podría ser afectada, y por supuesto la presión de la mancha urbana y el conflicto social podrían ser una amenaza.

Obras consultó a los especialistas que han estudiado la viabilidad del proyecto. En teoría la ingeniería puede vencer prácticamente todos los obstáculos. Sin embrago, no se debe perder de vista las recientes experiencias de la Línea 12 o de la Estela de Luz, que arrancaron sin las previsiones necesarias. De conjuntar debidamente todos los elementos, para un proyecto ejecutivo completo, el país logrará solucionar uno de sus dolores de cabeza logísticos. De lo contrario, Texcoco podría seguir su leyenda de santo grial aeronáutico, ante la pesadilla de millones de viajeros.

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