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Hipódromo de las Américas, 52 hectáreas de adrenalina

La pista es de las pocas en el mundo que conservan su estado original, con varias capas de tierra y arena natural que permiten el paso de los equinos a todo galope.
Hip�dromo de las Am�ricas
Hip�dromo de las Am�ricas - (Foto: Tomado de Flickr/Spinozaimage-Photos)

El llamado de trompeta a los competidores, el infaltable "¡Aaarrancaaan!" del sonido local, los cascos de los caballos, el alarido de sus jinetes, la algarabía del público conforme el grupo ecuestre se aproxima a la meta, son las voces que dan vida al Hipódromo de las Américas, corazón de la hípica mexicana.

Recorrer las 52 hectáreas que conforman el "óvalo de Sotelo" hace posible adentrarse en sus entrañas y comprender por qué es uno de los lugares favoritos del turismo nacional e internacional y de cientos de familias mexicanas que cada semana asisten a presenciar las carreras de caballos.

La pista es de las pocas en el mundo que conservan su estado original, con varias capas de tierra y arena natural que permiten el paso de los equinos a todo galope, bajo cualquier condición climática.

El óvalo de siete furlongs equivale, en números cerrados, a 1,400 metros, por 25 metros de ancho, lo que le da capacidad para realizar carreras hasta con 14 caballos.

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FOTO: Tomada de Flickr/Chuka99

Es en los vestidores donde los jinetes se preparan para la competencia y hacen oración pidiendo no sufrir percances y sí obtener el mejor resultado posible.

El holding barn es el área de espera para los caballos que participan en un evento, ahí es donde reciben el número que portarán durante la carrera, previa certificación de su inscripción.

De ahí, los caballos son conducidos al paddock, la mejor oportunidad para que el público decida su preferencia, un área donde todos los ejemplares quedan a la vista mientras cada equipo ensilla a sus representantes.

Para el aficionado, una vez elegido el número, el siguiente paso es ir hasta las taquillas que reciben apuestas desde 10 pesos. Con esa cantidad hay quien se ha llevado hasta un millón de pesos.

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Los aguantadores se encuentran en el arrancadero; vestidos a la usanza vaquera son los héroes anónimos, a quienes casi nadie ve pero quienes asumen la responsabilidad de ubicar al binomio jinete-caballo en la posición correcta de partida.

Todo un ritual vigilado por un juez a caballo, mientras desde las alturas o en los monitores de circuito cerrado otros jueces están listos para cerciorarse de que cada paso cumple con el reglamento.

Uno de los puntos más codiciados por los equipos participantes dentro del Hipódromo de las Américas es el Círculo de Ganadores, donde el binomio ganador de cada carrera recibe el premio y se toma la foto oficial del equipo triunfador.

La representación a escala de un jinete, que cada año se engalana en el Handicap de las Américas con los colores de la cuadra ganadora de la carrera estelar, es distintiva del lugar.

En cuatro niveles, el graderío alberga a la afición, igual adultos mayores que niños, hombres o mujeres, los miembros del Jockey Club y grupos de universitarios, todos en busca de un momento de diversión y entretenimiento.

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Las caballerizas se ubican al otro lado de las gradas, hogar de 1,400 caballos que reciben alimento, cuidados y entrenamiento los 365 días del año, y a un costado tienen la alberca donde los cuadrúpedos se ejercitan o reciben tratamiento para reponerse de ciertos tipos de lesión.

El Hipódromo de las Américas abre sus puertas de viernes a domingo, la tarifa es de 10 pesos, sin costo para los niños, aunque todos por igual recibirán la descarga de adrenalina que despiertan las carreras de caballos.

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