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El LEED se queda muy corto con las comunidades: Catán

OPINIÓN: Los edificios LEED causarán problemas mientras no estén incorporados a un buen sistema de manejo regional que tome en cuenta el barrio y la cuenca.
Edificio Verde
Edificio Verde - (Foto: Getty Images)

Los edificios que ostentan la certificación Liderazgo en Eficiencia Energética y Diseño Ambiental (LEED, por sus siglas en inglés) causarán problemas mientras no estén incorporados a un buen sistema de manejo regional, asegura Elías Catán, catedrático de la maestría en Arquitectura, Diseño y Construcción Sustentable en la Universidad del Medio Ambiente (UMA).

El interés por la arquitectura y las construcciones 'verdes' o llamadas sustentables ha crecido a nivel global, a tal grado que se han diseñado sistemas de certificación como el antes mencionado, originario de Estados Unidos y extendido a partir de 1998 a por lo menos 30 países, incluido México.

En entrevista, dice que el manejo regional debe hacerse mediante una reformulación de mayor profundidad del contexto, del barrio, de la colonia y de una cuenca.

Por más edificios eficientes que existan, sin esta visión más global no se logra más que "empujar el problema a otro lugar, sin resolverlo", asegura. Pone el ejemplo del uso de lámparas ahorradoras, las cuales al ser desechadas se convierten, en otro lugar, en un problema ambiental por la cantidad de subproductos contaminantes.

De acuerdo con Catán esto "implica muchísimas cosas que trascienden la frontera del lote, de tu predio o de tu edificio, y ahí es donde LEED creo que se queda muy corto y debiera incluir una mucho mejor liga con las comunidades, con los sistemas regionales, con los productos locales".

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Para el también fundador de Taller13 Arquitectura Regenerativa, dedicado a entender las ciudades como sistemas vivos, LEED es una herramienta muy útil en el mercado, "pero no se enfoca lo suficiente en cambiar de manera integral una mentalidad. Se enfoca en el inmueble, pero no hay suficiente énfasis en el sistema en el cual se pone el edificio".

Si bien la certificación supone un sobrecosto, entre sus bondades se cuenta una reducción en el uso de energía, de agua y las emisiones de bióxido de carbono. Este ahorro se supone que permite la amortización de los sobregastos a partir del segundo o tercer año.

"Ser eficiente está bien, es un paso, mientras sea visto como un paso. Pero si vemos la eficiencia como una meta estamos acabados. No basta reducir el impacto negativo, o gastar menos, lo importante es empezar a generar impactos regenerativos, positivos", opina Catán.

Indica que no es el único sistema de certificación de edificios verdes que existe, pero sí unos de los más utilizados, lo cual le ha valido reconocimientos, pero también dudas, entre otras la pertinencia de la utilización de criterios estadounidenses en otros países, así como el excesivo énfasis en la eficiencia, a veces en menoscabo de una mayor atención a la relación de estas edificaciones con su contexto ambiental.

En este sentido, manifiesta su preferencia por otro sistema internacional de certificación: el Living Building Challenge (Desafío del Edificio Vivo).

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