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La importancia de los flujos

OPINIÓN: El Puerto de América es un proyecto estratégico para el país, que ha sido postergado muchas veces. Las resistencias no han sido físicas, sino políticas.
Columna Antonio Toca (NUEVO)
Columna Antonio Toca (NUEVO) - (Foto: Archivo Obras)

En la naturaleza o en nuestro entorno artificial, todo lo que fluye tiene una configuración y una estructura para poder facilitar su movimiento a través de un entorno lleno de resistencias (Bejan A., Design in nature, Doubleday, New York, 2013).

Como en los ríos, las arterias o las carreteras, existe una tendencia natural para generar rutas más eficientes; porque de no ser así, el movimiento se bloquea. Esa característica es evidente en la construcción, ya que para realizar las obras, en muchas ocasiones se necesita vencer la resistencia física del terreno. Sin embargo, esas resistencias pueden no ser físicas y a veces son determinantes para la realización o el fracaso de un proyecto.

Recientemente, el gobierno federal anunció el proyecto Puerto de América, un corredor industrial de 303 km, que unirá al puerto de Salina Cruz –en el Pacífico– y al de Coatzacoalcos –en el Golfo– para transportar 150,000 contenedores anualmente. El sistema de transporte multimodal barco-ferrocarril-barco- permitirá operaciones de carga y descarga transportando mercancías a los puertos de Estados Unidos y facilitaría también el tráfico comercial entre Asia y Europa.

Los beneficios de esa obra son evidentes, porque haría del sureste una zona de intenso desarrollo para la manufactura y la distribución internacional de mercancías y recursos. Su localización geográfica tiene enormes ventajas porque Coatzacoalcos está a 1,250 km de Galveston, Texas; en cambio, el puerto de Colón –en Panamá– esta a 2,800 km. 

Por supuesto, un proyecto de tal importancia estratégica tiene antecedentes: en 1855 se construyó un ferrocarril de 75 km en Panamá -la parte más estrecha del continente- que en esa época transportó el mayor volumen de carga por kilómetro en el mundo. 

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La propuesta de un canal de navegación fue del célebre ingeniero Fernando de Lesseps. El proyecto fracasó, pero se llevó a cabo una primera excavación. En 1859, México firmó un controvertido tratado –que no se concretó– a través del cual se concedía a Estados Unidos el derecho a perpetuidad de tránsito terrestre por el Istmo de Tehuantepec. 

Finalmente, en 1903, Panamá se separó de Colombia, lo que permitió la construcción del canal, inaugurado en 1914. Desde entonces, más de 700,000 barcos lo han cruzado, y el tráfico es tan intenso que actualmente se está trabajando en su ampliación. Esos antecedentes señalan la importancia de que México construya esas obras en el Istmo de Tehuantepec, que han tenido poderosas resistencias para poder llevarse a cabo.

El Puerto de América es un proyecto estratégico para el país, que ha sido postergado muchas veces. Las resistencias no han sido físicas, sino políticas; porque un proyecto de esa importancia colocaría a México en una situación estratégica en el transporte mundial, y eso afectaría poderosos intereses.

México requiere –para consolidar su futuro– concretar obras de esa importancia. Se requiere visión y fuerza política para realizarlo, para vencer las resistencias que, dentro y fuera del país, seguramente tratarán de bloquearlo. 

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*Arquitecto e investigador de temas de urbanismo.

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