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Los siete pecados capitales del contratista

OPINIÓN: En el reclamo de obra comúnmente se comente errores con implicaciones en la ejecución de la obra.
Dossier_pecados
Dossier_pecados - (Foto: Ilustraci�n Ixchel Estrada )

¡Que tus pecados sean perdonados! es la sentencia que nos absuelve y nos hace libres de la prisión de nuestros tropiezos, faltas, caídas, imprudencias; en fin, todo aquello que nos hace sentir culpables; pero siempre que, aquella excarcelación sea consecuencia de una previa confesión y un verdadero, real y honesto acto de contrición de que tales pecados no volverán a cometerse.

Los abogados, como confesores de nuestros clientes, tenemos el deber de guardar el secreto profesional tanto como el absoluto secreto sacramental de la confesión del sacerdote; por lo que, sin quebrar este deber profesional, considero importante dar a conocer lo que sin mayor remordimiento se ha mantenido disimulado en la práctica frecuente de la industria de la construcción. Me refiero a los siete pecados capitales que comete el contratista al gestionar sus reclamos en la obra.

Para no sentirme culpable, debo confesar con honestidad que el título de este artículo proviene sugerido del magnífico artículo de Steven Lesser, The Twelve Deadly Sins: An Owner’s Guide to Avoiding Liability for Implied Obligations During the Construction of A Project, publicado por The Construction Lawyer en 2008, y que con una lectura conjunta pretende descubrir el misterio de lo que tanto el propietario como el contratista, en un contrato de construcción, hacen y nunca confiesan.

Veamos si recuerdo aún las lecciones de mi inicial formación católica-cristiana y cómo me enseñaron a ver el mundo: San Gregorio Magno, conocido como Gregorio I –el 64º papa- recopiló y clasificó lo que hoy conocemos como los siete pecados capitales, y que Dante Alighieri en  La divina comedia los integrara y los refiriera en el siguiente orden: lujuria, gula, avaricia, ira, soberbia, pereza y envidia.

¿Cómo hace el contratista para sucumbir fácilmente a la tentación de cometer estos pecados en la gestión de sus reclamos en obra? Así:

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Lujuria es ejecutar la obra enfocado en reclamar sólo por el placer de hacerlo. Lo hace porque malentiende que reclamar es la manera de ganar más; sin embargo ninguno de los contratistas que conozco siquiera presupuesta para su obra el costo de reclamar, lo que genera un impacto económico negativo en la gestión de su contrato.

Gula, reclamarlo todo sin control y, sin medir las consecuencias, terminar en una costosa gestión del contrato. Muchos contratistas reclaman todo y por todo; y en el camino se tropiezan con un principio de limitación cuantitativa de su reclamo que es el deber de mitigar la pérdida, que al ser invocado por el propietario lo devuelve a la realidad muy rápido.

Avaricia significa contratar e interesarse en la ejecución técnica de la obra, pero ahorrando, sin invertir en una buena y dedicada gestión o administración del contrato. De tal forma que cuando necesitan dar inicio a un reclamo, apenas comienzan a conocer su contrato y, en más de una oportunidad, encuentran procedimientos, notificaciones y requerimientos que jamás se cumplieron. No es difícil adelantar el resultado de su reclamo, aún menos el impacto en la gestión económica de su obra.

Ira es decidir agresivamente reclamar sin reflexión alguna, ahogado por las eventualidades de una mala negociación o una desigual contratación; y amenazar con violencia en parar la obra si no se cumplen sus reclamos. Mucha de esta excitación inicial del reclamo se ve bruscamente aclarada cuando al contratista se le recuerda que la responsabilidad en la manera como se ejecuta la obra es suya por su condición de experto, y por tanto tampoco es difícil prever cuál será el resultado del reclamo y su impacto en la gestión del contrato. 

Soberbia es que el contratista se considere además experto en leyes y por tanto no requiera de un abogado para formular su reclamo, o sólo recurre a él cuando se ve obligado por las circunstancias a hacerlo. Esto no es ningún anuncio de contratación, sino una realidad a la que muchas veces sólo resta decir "no hay mucho por hacer" o "sólo queda esperar". RIP.

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Pereza significa desatender, postergar, abandonar la revisión y la gestión del contrato, y actuar sólo cuando es irremediablemente necesario plantear un reclamo, y en muchos casos extemporáneamente fuera de un plazo fatal. Las posibilidades de que el reclamo sobreviva a esta situación son extremas, y se afecta el resultado económico del negocio.

Envidia es la manera más fácil de sabotear la gestión contractual de la obra. Los celos, las apetencias, las rivalidades, y los rencores en el equipo de la obra no liderado adecuadamente por el contratista, generan que nada se logre, nada se pruebe, nada se controle, nada se archive, nada funcione para iniciar un reclamo, y pretender reclamar en este ambiente es hacer matemática inversa. De hecho, en muchos casos, el reclamo ni siquiera se presenta y con ello se impacta negativamente en los resultados de la gestión.

Todos estos pecados no veniales y regularmente cometidos por los contratistas tienen consecuencias como las ineficiencias en la gestión contractual, al resultar estos reclamos más costosos que el beneficio que se obtiene, por lo que estas "zonas de vulnerabilidad" –como diría Lesser– deben ser confesadas, pero con un acto real de contrición de no volver a cometerlas.

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*Dr. Gustavo Paredes es socio fundador de NPG Abogados/Socio fundador de Construlegal y profesor de solución de disputas en construcción del Diplomado de Derecho de la Construcción de la Escuela de Postgrado de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

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