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Rehabilitación sísmica de edificios, ¿un problema técnico o socioeconómico?

Hay mucho trabajo por hacer no sólo en CDMX, sino en todas las regiones sísmicas del país en materia de edificios diseñados con códigos anteriores a 1985.
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Aunque ocurrieron menos colapsos tras el sismo del 19 de septiembre de 2017 (en comparación con el de 1985), el número de edificios con daño, tanto estructural como no estructural, fue mayor.

Por Francisco García Álvarez*
*Director del Centro de Crisis para la respuesta Post-Sísmica del CICM-SMIE.

Identificar la necesidad de rehabilitar sísmicamente un edificio, pudiera tener tres orígenes. El primero es que la estructura sufriera daños estructurales o no estructurales durante un sismo.

El segundo motivo es que, derivado de un dictamen bien concebido (con un levantamiento estructural en caso de que no exista información), pruebas de materiales, medición de periodos con vibración ambiental, estudio de mecánica de suelos, un adecuado modelo matemático, etcétera, se determine que el edificio tiene una vulnerabilidad que amerite su reforzamiento. Finalmente, el tercer punto es que el reglamento local así lo determine en función de la importancia de la estructura.

Una vez que se determina la condición de reforzar un edificio, el problema es relativamente sencillo desde el punto de vista técnico. La mayoría de los inmuebles podría rehabilitarse para cumplir con las normas vigentes, ya sea con métodos tradicionales o con dispositivos de control de la respuesta sísmica. Sin embargo, el problema es mucho más complejo cuando se analiza todo el panorama y es aquí donde intervienen otros factores, principalmente sociales y económicos.

Si hablamos, específicamente, de los edificios en la Ciudad de México que necesitan rehabilitación después del sismo del 19 de septiembre de 2017, hay que considerar que el número de construcciones afectadas no es preciso para poder objetivar el problema.

Tras este fenómeno, de magnitud 7.1 y distancia epicentral de 120 kilómetros, aproximadamente, las ondas que afectaron a la CDMX tuvieron características de frecuencias totalmente diferentes a las del sismo de 1985. El contenido de frecuencias fue más alto, afectando estructuras con periodos próximos a T=1.0 s, es decir, edificios entre tres y siete niveles.

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Para ser objetivos, podemos hacer la siguiente pregunta: ¿cuántos edificios hay de este tipo de niveles por cada uno de entre ocho y 15 niveles? Aunque ocurrieron 10 veces menos colapsos en 2017 (en comparación con 1985), el número de edificios que presentaron daño, ya sea estructural o no estructural, fue mayor porque el universo de edificios que fueron excitados por el sismo de 2017 era mayor.

Por ejemplo, en el sismo de septiembre de 1985, de magnitud 8.1 y distancia epicentral aproximada de 400 kilómetros, las ondas que afectaron la CDMX tenían características tales, debido a su atenuación durante esos 400 kilómetros. Así, las afectaciones se dieron, principalmente, en edificios con periodos próximos a T=2 s, es decir, edificios entre ocho y 15 niveles.

En el censo de daños de 1985, y del cual se da cuenta en el documento “Los sismos de 1985, Control de Edificaciones, México DF, 1985-1988”, editado por el Departamento del Distrito Federal, se hace referencia a 1,658 edificios dañados, sin contar los colapsos.

Una vez dimensionado el universo de daños es conveniente señalar que la mayoría de esos edificios afectados tiene características que se repiten constantemente. Desde el punto de vista estructural, los inmuebles fueron diseñados con códigos anteriores a 1985, resueltos con sistemas estructurales que han demostrado un inadecuado comportamiento ante fuerzas horizontales (como las losas planas o los entrepisos blandos).

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