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Fernanda Canales: otra manera de ser arquitecta

"No se está planeando el crecimiento de las ciudades. Por ejemplo, cómo organizar lo que va más allá de un lote particular: basura, agua, transporte colectivo, drenaje… ni siquiera las banquetas".
Fernanda Canales
"Todavía no he encontrado un sistema o metodología. Ni siquiera tengo una oficina. Creo que el futuro de un edificio se desarrolla en el sitio, no en un escritorio", dice Fernanda Canales.

NOTA DEL EDITOR. Este contenido se publicó originalmente en la edición Deportivos+Hospitales de la revista Obras, correspondiente a octubre de 2018.

Con una trayectoria de 20 años y una cosecha de reconocimientos y logros, Fernanda Canales opta por sacar provecho de la virtualidad que ofrecen las nuevas plataformas tecnológicas, y ganar libertad para dar prioridad y tiempo a diversas facetas de la arquitectura: la enseñanza, la investigación, la difusión, el diseño arquitectónico, la supervisión de obra e, incluso, la participación en exposiciones y concursos.

En febrero pasado fue una de las ganadoras de Voces Emergentes de The Architectural League, con sede en Nueva York, donde presentó como ejemplos representativos de su trabajo el Centro de Estudios Superiores de Diseño de Monterrey (2008), cuyo desplazamiento contrasta en armonía con las montañas del derredor; las salas de lectura (2014) para espacios comunes en multifamiliares, financiadas por la dupla Infonavit-Secretaría de Cultura, y La Casa Bruma (2017), vivienda creada con nueve bloques aislados que se integran de manera natural al entorno boscoso y permiten la fluidez de la luz a lo largo del día

También entregó un ensayo en el que reflexiona: "Todavía no he encontrado un sistema o metodología. Ni siquiera tengo una oficina. Creo que el futuro de un edificio se desarrolla en el sitio, no en un escritorio. Paso la misma cantidad de tiempo en el campo que en bibliotecas y aulas. Escribo sobre una casa antes de dibujarla, anotando lo que imagino como si se lo describiera a una persona ciega".

Margarita Flores, maestra en Arquitectura Avanzada, expresa: "Si eres arquitecto, existe la tendencia a pensar que lo mejor que puedes hacer es tener una oficina de arquitectura; incluso determina cómo evaluar el éxito, pero algo muy valioso con Fernanda Canales es que ha logrado definir otra manera de llevar la profesión".

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El interés de Canales por investigar, le permite aportar sustancialmente a la historia y al análisis de la arquitectura con artículos en revistas y libros como Espacios para la Cultura, Abraham Zabludovsky (2005, coautora); Central de Arquitectura (2008); 100×100 arquitectos del siglo XX en México (2011, coautora); Mexico, The O’Neil Ford Dougraph Series (2012, coautora); Arquitectura en México 1910-2010: la construcción de la modernidad (2014) –por el que recibió el Premio Antonio García Cubas del INAH en la categotría de Libro de arte–; Vivienda en México, el derecho a la arquitectura (2017), y próximo a salir: Espacios privados, estructuras compartidas.

Centro Cultural Elena Garro
2013. Diseñado por Canales junto con Arquitectura 911 sc, posee una "delicadeza" de experiencia del espacio muy singular, opina Adela Rangel.

Por eso, Canales es una voz autorizada para hablar del estatus actual de la arquitectura en México: "Cada vez que escucho hablar sobre el gran momento por el cual atraviesa la arquitectura de México no puedo evitar pensar en que los arquitectos solo se ocupan de menos de 2% de lo que se construye en nuestro país y que más de 60% de lo que se construye se realiza de manera informal, ilícita y sin la participación de ningún especialista".

Agrega: "El trabajo de los arquitectos no se puede entender solo desde la perspectiva del proyecto, como si se tratara de fachadas, sino desde distintas áreas de especialización que en México están muy poco desarrolladas y que tienen que ver con temas de reutilización de recursos, seguridad, cuestiones térmicas, de iluminación, de acústica… y de planeación".

Reflexiones en ese tenor la llevaron a participar en junio en Colapso: clima, ciudades y culturas, exposición colectiva que montó la escuela de diseño de la Universidad de Nueva York en la galería Gallatin, con su obra Social Palace, que nace tras confrontar de manera cotidiana "absurdos" que se presentan en el país, como "ver las recurrentes inundaciones y saber que seguimos pavimentando ríos y lagos, o la poca precaución que tenemos respecto de las condiciones sísmicas, o los casos de vivienda periférica, sin conectividad con el transporte público ni con servicios básicos", relata.

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Social Palace propone reactivar los millones de casas abandonadas y construir encima de las mismas una serie de plataformas, "siguiendo la lógica de autoconstrucción para completar los servicios que no existen en dichas zonas: espacio público, guarderías, mercados... se busca aprovechar lo existente que está subutilizado".

Adela Rangel Fediuk, directora del departamento de Ingeniería y socia fundadora de Akurat-Arq en México, menciona que "los tiempos han cambiado mucho para las mujeres en arquitectura; solía ser un gremio muy machista, o por lo menos masculino", y ahora hay alternativas en la socialización, el ejercicio y la concepción de los espacios. En este sentido, considera importante observar las obras de Fernanda Canales con esa perspectiva.

Casa Bruma
2017. Nueve bloques se integran a un entorno boscoso de forma natural.

Por ejemplo, el Centro Cultural Elena Garro –diseñado por Canales en conjunto con Arquitectura 911– "a simple vista es una librería que no aporta otra experiencia; sin embargo, tiene otra temperatura, tiene otra escala y una delicadeza de la experiencia del espacio muy distinta".

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Esta sensación espacial también pudo notarse en la pasada edición del Festival Flores y Jardines en el Jardín Botánico del Bosque de Chapultepec, donde Canales creó El Refugio, una intervención para que los visitantes se apropiaran de un espacio que, por su ubicación, se consideraba 'en desuso'.

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Con base en la idea de que "ya no podemos pensar en mundos propios sin tomar en cuenta que deben caber los mundos de todos, Fernanda utilizó junto con Claudia Rodríguez una serie de pallets dispuestas en forma ascendente en espiral. El Refugio se convirtió "en un punto de descanso, de juego y de convivencia que nos hace constatar la necesidad de contar con espacios públicos que den al mismo tiempo libertad y resguardo", narra la arquitecta.

Dado que es un tema que retoma en uno de sus libros, es inevitable preguntarle respecto al legado arquitectónico de las Olimpiadas de 1968, celebradas hace 50 años: "Es lamentable que el último proyecto de planeación a largo plazo y con una visión integral de una ciudad en nuestro país, en la cual confluyeron arquitectos, artistas, ingenieros, proyectos de vivienda, de salud, educación, infraestructuras culturales, de transporte público –con la inauguración del Metro¬, se haya dado hace 50 años.

"Mientras las visiones sigan siendo de corto plazo y basadas en intereses particulares, sólo veremos la degeneración de nuestras ciudades y recursos. No hay compromiso ni siquiera para acabar las obras iniciadas", lamenta.

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