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Evolución y problemas de las ciudades en América Latina

OPINIÓN: En México, solo 20% de los municipios de las ciudades tiene algún tipo de acuerdo que facilite obras para aprovechar los beneficios económicos de la urbanización.
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Opinión_540b_Antonio - (Foto: ESPECIAL/FOTO: iStock)

Nota del editor: Esta columna de Opinión se publicó originalmente en la edición '' El diseño robotizado, ¿enemigo o aliado? '', de la revista Obras, correspondiente a enero de 2018.

(CIUDAD DE MÉXICO) – Recientemente se presentó en México la investigación del Banco de Desarrollo de América Latina sobre crecimiento urbano (scioteca.caf.com). El estudio es valioso para los interesados en la evolución de nuestras ciudades y sus problemas y posibilidades de desarrollo.

Las 289 ciudades latinoamericanas, con más de 200,000 habitantes, producen más de las tres cuartas partes del Producto Interno Bruto de la región, aunque solo tienen la mitad de la población total.

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Esa enorme ventaja también es evidente a escala global, porque las 600 ciudades más grandes producen más de la mitad del PIB. Este proceso de urbanización no tiene precedentes en la historia de la humanidad; sin embargo, se señala que de los 3,000 millones de personas que viven en esas urbes, 1,000 millones son pobres, y de los 5,000 millones en las próximas décadas, 2,000 millones estarán en esa situación.

Lo anterior se explica porque las ciudades de América Latina tienen un bajo nivel de desarrollo, en comparación con su alto grado de urbanización, casi el doble de las ciudades europeas y más que en América del Norte. Esto por no aprovechar todos los beneficios de la urbanización, y sí acumular los efectos negativos.

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OPINIÓN: Saldos positivos y negativos de los sismos

El estudio muestra que la productividad y bienestar de las ciudades dependen del equilibrio entre su superficie y los efectos negativos de la congestión; que significa mayores tiempos de traslado, un tránsito denso, aumento de niveles de contaminación e incremento en costos del suelo urbano; lo que produce expulsión de la población, incrementa la pobreza y la desigualdad, y fomenta la creación de asentamientos informales en su periferia, sin acceso a los servicios públicos básicos.

La densidad de una ciudad facilita el intercambio de ideas y conocimiento, mejora el nivel de vida y de las actividades, y facilita un aumento de su productividad. Entre las ventajas, permite que la población comparta equipamientos, infraestructuras, áreas públicas y servicios.

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El problema es que el crecimiento acelerado de las ciudades reduce la densidad de su población, como en México, e incrementa los efectos negativos hasta provocar un deterioro, tanto en su situación como en su futura evolución.

Para controlar y equilibrar los efectos tanto positivos como negativos de la urbanización es fundamental que las autoridades regulen el uso del suelo, mejoren el transporte público y promuevan la calidad de las viviendas.

El estudio del BID precisa que 66% de las zonas metropolitanas de Latinoamérica tienen un plan de desarrollo territorial, y que más de 75% cuenta con normas que reglamentan sus actividades y relaciones.

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Sin embargo, solo la mitad de esas zonas tienen un órgano de gobierno metropolitano que permitiría una gestión eficiente, por encima de divisiones políticas e intereses partidistas; en México, solo 20% de los municipios en las ciudades tiene algún tipo de acuerdo que facilite y promueva obras para aprovechar los beneficios económicos de la urbanización.

La necesidad de coordinar políticas metropolitanas es urgente en América Latina, la segunda región más urbanizada del mundo, y una de las de mayor crecimiento en las últimas décadas.

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* Arquitecto e investigador de temas de urbanismo.

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