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La arquitectura para el hombre de Vladimir Kaspé

OPINIÓN. El arquitecto ruso, que llegó a México durante la Segunda Guerra Mundial, puso su sello en el país con el uso de materiales locales y la estética sobria de sus diseños.
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Resulta difícil pensar que los sucesos bélicos puedan traer algún tipo de beneficio. Las huellas de hechos atroces cometidos en las guerras mundiales y civiles del siglo pasado aún perduran; siguen siendo parte de la memoria colectiva.

Sin embargo, los movimientos migratorios y los cambios políticos generados principalmente en Europa durante y después de las guerras favorecieron de manera fundamental la producción arquitectónica en el continente Americano durante el siglo XX.

A Brasil llegó la italiana Lina Bo Bardi tras su inconformidad con el gobierno italiano de posguerra, logrando fusionar magistralmente su bagaje europeo con las necesidades del contexto brasileño.

Antoni Bonet i Castellana migró a Argentina al estallar la Guerra Civil Española, trayendo consigo la influencia de Le Corbusier, Josep Lluís Sert y Josep Torres i Clavé. Después de cerrar la Bauhaus por la presión Nazi, Walter Gropius y Mies van der Rohe se establecieron en Estados Unidos, país donde comenzaron la difusión del International Style.

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México no fue la excepción y abrió sus puertas a numerosos artistas, arquitectos e ingenieros que buscaban desarrollar sus profesiones. Son varios los nombres conocidos: Félix Candela, Max Cetto, Mathias Goeritz, José Luis Ezquerra o Alejandro Zohn. Hubo otro arquitecto de origen ruso quien había sido compañero de clase del mexicano Mario Pani en la École des Beaux-Arts en París: Vladimir Kaspé.

La amistad entre Pani y Kaspé continuó y se fortaleció cuando Kaspé era corresponsal en Europa de la revista Arquitectura (posteriormente Arquitectura México), dirigida por Pani. Cuando la situación en Europa se tornó compleja por la Segunda Guerra Mundial, Pani invitó a Kaspé a establecerse en México. Kaspé aceptó y en mayo de 1942 llegó al país con su esposa Masha.

Desde sus inicios a mediados de la década de 1940, la práctica arquitectónica de Kaspé fue más bien privada y a pequeña escala, en una Ciudad de México que entonces gozaba de una escala más humana.

A pesar de que fueron construcciones modernas para su época, la obra de Kaspé deja entrever su formación clásica: ritmo, orden, repetición y proporción son elementos que dan fuerza a su obra. Distinto a su experiencia en Francia, Kaspé encontró en México clientes entusiastas, generosidad de espacio y buen clima, lo cual le permitió ejercer su profesión con bastante libertad.

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A diferencia de las expresiones modernistas de su tiempo, la arquitectura de Kaspé se mantuvo modesta sin la pretensión de los grandes proyectos institucionales del momento. Logró definir su sello como arquitecto a través del uso de los materiales disponibles en el país -por muy sencillos que éstos fueran- y la estética sobria de sus diseños, generando una arquitectura honesta y de calidad.

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Frecuentemente se le asocia con el movimiento funcionalista en México, sin embargo, el arquitecto defendía el funcionalismo como un valor intrínseco de la arquitectura y no como una corriente.

En una entrevista que dio en 1993, expresó que el funcionalismo no debía existir dado que la arquitectura es funcionalista per se. "La función es la vida de la obra, si no somos todos funcionalistas, no somos arquitectos", dijo aquella vez. Desde esta perspectiva, se puede decir que Kaspé desafió las tendencias de la época en la cual desarrolló gran parte de su trabajo.

La obra de Kaspé es variada: el arquitecto no se limitó a una sola tipología, sino que exploró el diseño de edificaciones residenciales, educativas y comerciales, así como centros sociales, clubes deportivos, oficinas, laboratorios y hasta un taller de reparación de aviones.

Entre sus obras principales se encuentran la Secundaria Albert Einstein, ubicada en la Calzada México-Tacuba, el Liceo Franco-Mexicano en Polanco y la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, en la cual trabajó en colaboración con el arquitecto José Hanhausen.

Otra obra sobresaliente de Kaspé fue el Súper Servicio Lomas, construido entre 1948 y 1952. Fue uno de los primeros edificios multifuncionales del país y su estado actual es penoso: el inmueble, supuestamente protegido por el INBA, fue parcialmente demolido en 2011 para dar pie a la construcción de la Torre Virreyes.

Si bien es cierto que quedan rastros de lo que fuera el edificio original, también es cierto que el remanente fue severamente modificado y deshonrado por la nueva edificación. Por varios años, los vecinos de las Lomas de Chapultepec, arquitectos y público en general lucharon para evitar que el inmueble fuera estropeado; sin embargo, perdieron la batalla.

Hacia el final de su carrera, Vladimir Kaspé se mostró hostil a las expresiones posmodernistas, especialmente la tendencia deconstructivista, la cual consideraba totalmente contraria a la esencia de la arquitectura. Consideraba que la arquitectura se trata de construir, por lo tanto, el deconstructivismo es una reacción anárquica y Kaspé no creía en la anarquía, creía en el orden.

Decía que los arquitectos de finales del siglo XX le tenían miedo a lo sencillo y construían sólo para lucirse, olvidando el compromiso con la sociedad. Quizá fueron sus experiencias en Europa durante la guerra las que le hicieron reaccionar tan fuertemente contra lo que él consideraba desorden en la arquitectura y al mismo tiempo lo llevaron a crear espacios más humanos, adecuados a distintas actividades, tipos de vida y condiciones sociales.

Vladimir Kaspé, uno de los arquitectos exiliados en México más importantes del siglo pasado, nos recuerda a través de su arquitectura y sus escritos que la meta de la arquitectura es, y siempre ha sido, el hombre.  

*Angélica Martínez es arquitecta por la Universidad Veracruzana y maestra en preservación histórica por el Pratt Institute de Nueva York. Actualmente colabora como coordinadora general en FUNDARQMX.

**Fomento Universal para la Difusión Arquitectónica de México (FUNDARQMX) es una organización que busca contribuir al desarrollo de una cultura de recuperación, protección y conservación del patrimonio arquitectónico, ambiental y urbano, para el desarrollo y beneficio de las ciudades.

AGENDA FUNDARQMX

  • 5 de Mayo 2016, 4:00 PM. Caminata "La Ruta de los Mercedarios", en colaboración con la asociación civil Orden de Guadalupe, en el marco del 3er Congreso Peatonal La Merced, organizado por la Liga Peatonal. http://3congreso.ligapeatonal.org/programa/
  • 14 de Mayo 2016, 10:00 AM. “Recorrido Vladimir Kaspé” Con la guía del aquitecto  Christian del Castillo
  • 28 de Mayo 2016, 10:00 AM. “Recorrido Mathias Goeritz” Con la guía del arquitecto Christian del Castillo

PROXIMAMENTE

  • Exposición itinerante de “El Pedregal: habitar en la lava”
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