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5 edificios que nos dieron libertad

Al cumplirse un aniversario más del inicio de la Guerra de Independencia, un número selecto de obras relacionadas al movimiento siguen en pie en la zona central del país.
palacio de gobierno de guadalajara
palacio de gobierno de guadalajara - (Foto: .)

Edificios que ya alcanzan edades de entre dos y medio a tres y medio siglos, dieron lugar a acciones históricas que formaron a nuestro país. Los próceres y caudillos más significativos de la Independencia de México transcurrieron por los pasillos y bajo los techos de estos hitos. De entre los todavía existentes, elegimos cinco de ellos con un incuestionable aire patrio.

1. Rebeldía oculta: Casa de las Conspiraciones

En la fachada de esta propiedad, hacia la antigua calle de Relox en San Miguel de Allende, Guanajuato, se observa una placa de considerable tamaño adosada por el Ayuntamiento el 16 de septiembre de 1898 y que dice: "En el entresuelo de esta casa, con pretexto de bailes que se daban en la sala, D. Ignacio Allende y las personas comprometidas se reunían para tratar de los medios adecuados para lograr la Independencia Nacional".

Casa de las Conspiraciones, costado oriente sobre caslle de Relox. Se observa en entresuelo(primer balcón) y la placa de 1898. FOTO: Alain Prieto.

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Detalle de la placa sobre calle Relox, dedicada el 16 de septiembre de 1898. FOTO: Alain Prieto.

Dos de las mencionadas personas eran Juan Aldama y Miguel Hidalgo y se reunían en supuestas tertulias en esta 'Casa de las Conspiraciones'. Ubicada en una esquina del Jardín Principal o Plaza de la Conspiración, con su frente hacia la fotogénica Parroquia de San Miguel —que en 1810 se veía muy distinta a la actual— la fisonomía de esta mansión pintada de terracota prácticamente no ha mudado con el tiempo.

A diferencia de otros domicilios trascendentales en el episodio independentista, éste nunca ha sido del gobierno. Originalmente, el propietario fue Domingo Allende, hermano de Ignacio, teniente general de la insurgencia. La casona está dispuesta a la usanza de la época colonial, articulándose las diferentes estancias a través de un patio central arcado. El 'entresuelo' a la altura que se fijó la placa de 1898, es un nivel intermedio al norte de la construcción, entre las dos plantas principales, bajo el cual se encuentran una joyería y una tienda de ropa actualmente.

Las puertas, ventanas y balcones se encuentran enmarcados con cantera y la balaustrada que remata en la azotea no podía faltar. Hacia la plaza se encuentra el portón de acceso a la zona habitable. La casa luce ligeramente diferente y un poco más señorial con motivos ornamentales del siglo XIX. Otra placa aparece aquí, ésta de menor tamaño, colocada por la Sociedad de Amigos de San Miguel. Con la sólida consigna: "Aquí se fraguó la Independencia de la Nueva España 1810", da la bienvenida a una heladería y una tienda de artículos tradicionales.

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En 2011, Lucina Sánchez González, quien era su propietaria, recibió un homenaje de parte del Patronato San Miguel Allende Patrimonio de la Humanidad, AC, "por su cuidado, su esmero y responsabilidad cívica e histórica por conservar el lugar…”, cita una nota de Alma Gabriela Pérez para El Sol del Bajío.

De acuerdo con esta investigación, los abuelos de Lucina habían adquirido la propiedad en 1845 al propio Domingo Allende. Después, ella la heredó de su madre, por lo que suma ya 170 años continuos en manos de su familia y no está abierta al público.

Se menciona también en el texto que “conserva algunos muebles de la época insurgente, donde se localiza una habitación y una pequeña sala […] incluso, hay una puerta con los números del 11 al 16, fechas probables en que iniciaría la Guerra de Independencia”, señala la periodista.

2. Oficina de valientes: Palacio de Gobierno, Guadalajara

Desde aquí, Miguel Hidalgo y Costilla abolió la esclavitud el 29 de noviembre de 1811, publicó los siete números de su periódico El Despertador Americano y delineó, junto con su alto mando, las campañas que vendrían contra los ejércitos realistas.

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Quizá es el sitio donde mayor y más significativa actuación tuvieron los ideales del llamado 'Padre de la Patria'. Tras haber abandonado el plan para tomar la Ciudad de México, regresa hacia los actuales estados de México y Michoacán para dirigirse a Guadalajara, entonces capital de Nueva Galicia. Ahí, desde el 27 de noviembre de 1810, comienza a trabajar en el Palacio Real del gobernador, al que el mismo Hidalgo denomina 'Palacio Nacional' y donde despacharía por espacio de 46 días, como indica Carlos Herrejón Peredo en su libro de 2012 La Ruta de Hidalgo.

Fachada principal del Palacio de Gobierno en Guadalajara. FOTO: Tomada de mexicoescultura.com.

Según la información de vive.guadalajara.gob.mx, hubo un palacio original que existió durante un siglo, hasta que un terremoto lo destruyó en 1750. Al ordenarse su reposición, su exterior fue terminado con “cantera dorada de Huentitán y con fondos del impuesto al mezcal”.

Su segunda dedicación o inauguración quedó grabada en 1790. Observa la ficha oficial que “en el cubo de la escalera principal se encuentran los magníficos murales de José Clemente Orozco (1883-1949), El Círculo Político, Las Fuerzas tenebrosas y el Hidalgo incendiario.”

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Nota:  6 construcciones donde se gestó la Independencia de México

El Palacio de Gobierno, sede actual del ejecutivo de Jalisco, posee una fachada en estilo barroco estípite ornamentada con diferentes elementos labrados. Su portada principal mira hacia el Zócalo sobre avenida Ramón Corona, y lleva al centro un arco almohadillado con dovelas entresacadas.

Flanqueando éste, dos columnas corintias de fuste filigranado custodian el balcón principal que a su vez es acompañado por dos pilares de tipo estípite. Este grupo central es coronado por un remate en tambor culminado en el asta bandera, que al centro exhibe un reloj añadido en 1885.

La simetría de esta fachada es evidente a todo su largo, mostrando dos accesos secundarios, gárgolas que asemejan cañones, así como ventanas y balcones con herrería del siglo XIX que exhiben el escudo nacional. En los extremos, dos torreones limitan con las esquinas de las calles Morelos y Pedro Moreno. El terreno ocupa una manzana entera y más de 5,000 m2 y no menos de siete patios están contenidos en su interior, que es congruente con finales del siglo XVIII y añadidos del XIX.

Actualmente aloja al Museo Sitio Palacio de Gobierno, el cual inauguró en 2013 su tercera etapa. Cinco salas componen el trabajo museográfico que logró, entre otras cosas que, “las diferentes oficinas donde laboraba personal del gobierno fueron reacomodadas y se restableció, gracias a los estudios de historiadores y gente capacitada, para dar el aspecto que tenía en 1790…”, relata la nota de Rodrigo Velázquez para informador.com.mx.

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Las salas recorren desde la vida en tiempos de la colonia y la época del movimiento de Independencia, a la Revolución Mexicana y los murales de Orozco, pasando por la historia del propio palacio y el proceso del agave.

3. Un techo para legislar: Casa de la Constitución, Apatzingán

La cabecera municipal del actual Apatzingán supera ya los 100,000 habitantes, pero en 1814 sus menos de 1,000 pobladores tuvieron el privilegio de que su villerío recibiera a los más importantes jefes insurgentes.

Un año atrás, el 14 de septiembre de 1813, el Congreso convocado en Chilpancingo —ahora estado de Guerrero— había sesionado y ahí fueron presentados los Sentimientos de la Nación. En este documento redactado por Morelos, “destacan las ideas y los principios éticos básicos de la existencia política y las bases sobre las cuales se edificaría el Estado Mexicano”, según el sitio museodelasconstituciones.unam.mx.

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Casa de la Constitución. En 2007, los nombres de los constituyentes que se reunieron aquí se inscribieron en letras de oro en San Lázaro. FOTO: Tomada de: sic.gob.mx.

Pero esa sede debió abandonarse y tras diferentes sitios por los que fue itinerante, finalmente se eligió otra localidad menos llamativa y a salvo de los combates: Apatzingán, hoy de la Constitución, Michoacán.

La casa que se dispuso ahí para reunir de nuevo a los diputados era de aspecto muy sencillo. A pesar de ello se la denominó en forma solemne como 'Palacio Nacional del Supremo Congreso Mexicano'.

En esta morada, trabajaron personajes como Carlos María de Bustamante, José María Cos, Andrés Quintana Roo e Ignacio López Rayón —“quien se une al movimiento independentista para evitar el saqueo de Maravatío”—, aunque algunos de ellos no firmaron el documento final, aclara el impreso Letras de Oro, Constituyentes de Apatzingán, emitido por la LX Legislatura en 2008.

Aquí, el 22 de octubre de 1814 fue firmado el Decreto constitucional para la libertad de la América mexicana, que está considerado como la primera constitución de Latinoamérica.

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Ésta “proclama la Independencia de México, rechaza la monarquía y establece la República. Constituye el principio de la soberanía popular, organiza un gobierno republicano de tres poderes que sustituye a la Junta de Zitácuaro, se nombra a Morelos encargado del Poder Ejecutivo, se abroga el impuesto percápita de los indios, proclama los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano, en igualdad ante la ley…”, señala el Sistema de Información Cultural de Conaculta.

El terreno que ocupa la Casa de la Constitución —adjunta a una plaza— presenta arcadas revestidas de cantera que forman un rectángulo en una prominente esquina frente al Jardín Municipal.

La casona de un nivel y techada a cuatro aguas sobre un entramado de vigas recubierto con teja, conforma un corredor perimetral típico de los solares provincianos. Recientemente ha sido restaurada y por las noches exhibe una iluminación artística que resalta las proporciones de su sencilla arquitectura. Dentro “exhibe valiosos documentos históricos, los óleos Los constituyentes, pintado por el maestro Roberto Cueva del Río en 1950 y Encuentro de Hidalgo con Morelos, de Rafael Gallegos, elaborado en 1953”, apunta Conaculta.

4. Muy ilustre mansión: Palacio de Iturbide, Ciudad de México

Aunque este edificio fue prestado brevemente al primer Emperador de México, Agustín I o Agustín de Iturbide, ha pertenecido siempre a civiles o a la iniciativa privada. La larga historia del llamado Palacio de Iturbide, comenzó con el primer marqués del Jaral de Berrio y la II condesa de San Mateo de Valparaíso, quienes encargaron la obra al reconocido arquitecto Francisco Guerrero Torres en 1780, de acuerdo con la extinta Dirección de Monumentos Coloniales y de la República.

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Fachada principal del Palacio hacia Avenida Madero, ahora convertida en un corredor peatonal. FOTO: Tomada de guiadelcentrohistorico.com.mx.

La casa, terminada unos cinco años después, se dice que fue la primera en tener cuatro niveles en la Nueva España, y se pensó como obsequio de bodas a su hija, Mariana de Berrio y de la Campa-Cos, luego marquesa de Moncada y Villafont. En 1800, tras divorciarse, la marquesa dejó atrás su propiedad a cargo de algunos nobles y no volvió.

Pero el papel más recordado de esta estructura fue en la Independencia: ya consumada la paz se ofreció como residencia temporal a Agustín de Iturbide. Viviendo en este domicilio fue proclamado emperador el 15 de mayo de 1822, siendo coronado finalmente el 21 de julio de ese año en la Catedral Metropolitana.

Para marzo de 1823 debió abdicar y exiliarse sin pensar que jamás volvería a ver “su” palacio. Después traicionado, volvió a México y fue ejecutado en 1824.

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El estilo de esta singular mansión es churrigueresco mexicano, con prominencia de ornamentación de filigrana en cantera y el uso de laja de tezontle, especialmente en fachada.

La Guía para Caminantes del Centro Histórico, coeditada por la Universidad del Claustro de Sor Juana en 2001, enlista los usos diversos —y algunos significativos— que tuvo durante los siglos XIX y XX: “En 1830, el inmueble fue ocupado por el Colegio de Minería; en 1834 por la Lotería de la Academia de San Carlos. Para 1851 se instaló ahí el Hotel de las Diligencias, más tarde Hotel Iturbide […] Se inauguró en él, el primer café cantante de México […] En 1887 se instaló el primer elevador en México en el patio del hotel y fue una de las primeras construcciones que contó con luz eléctrica.”

Aunque continuó su vocación de hospedaje hasta 1928, de nueva cuenta quedó semi abandonado para ser adquirido finalmente por Banamex en 1966.

Intervenido por Legorreta Arquitectos, habilitando el lugar para oficinas en 1972 “como una de las primeras intervenciones contemporáneas sobre edificios históricos en el Centro de la Ciudad de México”, dice la información del despacho. 

Treinta años después fue otra vez remozado por Legorreta + Legorreta y se reinauguró como Palacio de Cultura Banamex en 2004. Abierto al público en el número 17 de la actual calle de Madero, es sede de diferentes muestras artísticas, así como otras actividades de promoción cultural. Dentro, puede visitarse también “una muestra permanente donde se exhiben los retratos de los propietarios originales y una breve historia sobre el inmueble”, resume Conaculta.

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5. Entre penas y glorias: Catedral Metropolitana, Ciudad de México

La importancia de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México es significativa durante los 11 años que duró la insurgencia y cae el régimen virreinal. Especialmente al final de esta gesta se vuelve protagónica: avisa, congrega, festeja, despide.

Iniciada hacia 1626, siendo ya su segunda edificación, la Catedral de México fue conjuntamente con el Palacio Virreinal (hoy Nacional) el símbolo del poder de la corona española en la Nueva España. Nada era más imponente, ya que al ser terminada 190 años más tarde, fue la estructura más alta de México y así permaneció hasta el siglo XX, alcanzando sus torres 64 metros de altura.

Vista de Catedral con la torre y campanario oriental en primer plano y Palacio Nacional al fondo. FOTO: Alain Prieto.

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La Catedral estaba casi terminada cuando Miguel Hidalgo rehusó entrar a la ciudad en 1811, pernoctando en Cuajimalpa. Su decisión en gran medida benefició la continuación de las obras que el connotado arquitecto español Manuel Tolsá había tomado en 1793.

Cuando comienza el conflicto armado, Tolsá se enfrenta a esta obra que ya llevaba 150 años, intentando uniformizar lo más posible la enorme cantidad de épocas y elementos disímbolos que se habían sumado a través de las décadas.

De acuerdo con Salvador de la Fuente Pinoncelly, en su libro Manuel Tolsá (Conaculta, 2002), “Sobre la fachada principal coloca un enorme volumen para que alcance la altura del arranque de las torres, y con ello consigue dar unidad a la fachada principal hacia el Zócalo…” También subraya que el arquitecto “unifica fachadas, torres y contrafuertes mediante el tema armónico unificador de las balaustradas, que se repite a lo alto, largo y ancho de toda la Catedral.”

Tolsá concluye su intervención en diciembre 1813, de acuerdo al sitio oficial catedralmetropolitanademexico.mx. No obstante la guerra, había logrado culminar los campanarios y el conjunto central que lleva el reloj y su famosa composición escultórica “Fe, esperanza y caridad”.

Los campanarios fueron vitales para festejar la entrada del Ejército Trigarante el 27 de septiembre de 1821, episodio que se considera la consumación de la Independencia, y así también en la coronación del propio Agustín de Iturbide en 1822, cuyos restos fueron trasladados en 1838 a la capilla de San Felipe de Jesús de la nave menor occidental.

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Las campanas de Catedral, como la llamada 'Doña María' —la más antigua— y la de los 'Ángeles custodios', siguen aquí y repicaron en esas tres ocasiones, un contradictorio homenaje para quien se considera, junto a Vicente Guerrero y otros, uno de los más importantes artífices del inicio del México Independiente.

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