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Bellas Artes exhibe esculturas para celebrar natalicio de Octavio Paz

FOTOGALERÍA: Obras de Henry Moore, Juan Soriano y Vicente Rojo aguardan el arribo de la pieza de Eduardo Chillida, para conmemorar 100 años del Nobel mexicano y cambiar el paisaje cotidiano de la urbe.
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La escultura El Volcán primitivo 290 (2000), de Vicente Rojo, se sumó a la Figura reclinada Pierna arco (1969), del escultor británico Henry Moore, traída del Museo de Arte DE San Diego, y a la de Dafne II (1990), de Juan Soriano, montadas en la explanada del Palacio de Bellas Artes como parte de la exposición En esto ver aquello. Octavio Paz y el arte.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes precisó a través de un comunicado que la escultura de Vicente rojo es “la representación de un volcán que enfatiza las estructuras formadas por la fuerza de la naturaleza a partir de una forma abstracta que alude a uno de los arquetipos principales presentes en el entorno natural”.

La exhibición de estas esculturas monumentales que cambian el paisaje cotidiano del peatón, son una extensión de la muestra de 200 piezas al interior del Palacio para conmemorar el centenario del único Premio Nobel de Literatura que ha tenido México, y que se prevé sea inaugurada el 10 de septiembre. Aún falta el montaje de la obra de Eduardo Chillida.

La instalación de estas piezas también coincide con el 80 aniversario del palacio diseñado por el arquitecto italiano Adamo Boari, que abrió sus puertas el 29 de septiembre de 1934.

La obra de Vicente rojo pesa cuatro toneladas, dos más que la de Moore, instalada el 21 de agosto, y tiene una altura de 290 cm y un diámetro de 210 cm. El montaje de estas obras ha requerido maniobras muy precisas.

Por ejemplo, el montaje de la pieza del escultor mexicano Juan Soriano requirió más de seis meses, de acuerdo con el Conaculta, pues es una mole de bronce con un peso de alrededor de 450 kilogramos, y un tamaño de 2.50 m de altura por 1.80 de ancho y 1.10 de profundidad.

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En el caso de la Figura reclinada de Moore, la escultura arribó al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en un avión de carga procedente de Nueva York, y siempre estuvo acompañada del comisario del Museo de Arte de San Diego, Paul Brewin, quien también estuvo presente en el desembalaje de la obra.

La instalación duró tres horas y una docena de trabajadores la descargaron con una grúa para colocarla sobre su plataforma y liberar el empaque de franela y alfombra que la cubrían.

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