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Juan Francisco Serrano, el arte de la volumetría

De ideas y formas claras que se materializan en cilindros, rectángulos o prismas, el arquitecto lleva al límite el uso de materiales.
Serrano
Serrano - (Foto: Fotograf�a de Pedro Flores)

Juan Francisco Serrano Cacho es uno de los arquitectos mexicanos vivos de mayor trayectoria. A sus 75 años madruga y trabaja incluso los domingos. En un día común puede tener una junta a las ocho de la mañana y terminar la jornada a las 11 de la noche.

Algunos fines de semana va a Cuernavaca a nadar y a jugar tenis con sus nietos, a riesgo de ganarles. “Es una persona con mucha energía”, dice Juan Pablo Serrano, uno de sus seis hijos y también arquitecto.

Tampoco en la formación intelectual se apacigua el hijo de Francisco J. Serrano, quien ha expuesto en los museos de arte contemporáneo de Nueva York
y de Toulouse, Francia. Se deja seducir por la historia de México, desde la época precolombina, pasando por la Independencia y la Revolución. Escucha a Mozart, Korzakov, Beethoven. Y sin falta lee revistas como Architectural Record y Building Product Manufactured. 

En su despacho, una oficina en la Condesa, DF, con ventanales hacia la avenida Nuevo León, hay una mesa con una botella de vino Prosseco y muñecos de peluche y, en una de las paredes, 10 dibujos de José Luis Cuevas. Fiel a su obsesión por los materiales, explica por qué no se escucha el ruido de la avenida: las ventanas son dos cristales con un colado de resina entre ellas para aislar el ruido exterior.

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Cortesía Francisco Serrano

El trabajo en equipo

Serrano comenzó a laborar desde los 19 años, cuando todavía estudiaba arquitectura en la Universidad Iberoamericana (UIA); lo hizo con Augusto Álvarez y Juan Sordo Madaleno. 

Hoy, 14 personas integran su despacho, pero en una época fueron 60. Su cualidad ha sido trabajar en mancuerna con otros arquitectos. 

“La asociación con quienes yo he trabajado ha sido muy fructífera siempre, todos nos ensalzamos y celebramos la oportunidad de hacer esa o esas obras”, expresa.

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Considerado como “maestro de la transición del racionalimos a un nuevo estadio de la modernidad”, según refiere el libro 100 x 100 Arquitectos del siglo XX en México, de Fernanda Canales y Alejandro Hernández, Serrano fue hacedor, junto con el arquitecto González de León, de edificios como Arcos Bosques y la sede de Hewlett Packard, que marcaron el inicio de una nueva imagen para el DF hacia finales de la década de los noventa. 

Otros de sus grandes colaboradores han sido Abraham Zabludovsky y Susana García, así como su hijo Juan Pablo. 

Para Francisco Serrano, el trabajo en equipo, en todos los niveles, es vital. Comparte alguna de sus razones:“Cuatro ojos o seis ven mejor que dos, y el chiste está en que consideres como tu par a la persona con quien estés haciendo equipo.
Lo que importa es la solución del tema, no quién dijo qué”.

Por ello, cuando habla de sus proyectos dice “nosotros”, porque está convencido de que el trabajo en conjunto es algo que lo ha cambiado radicalmente. Recuerda que antes el arquitecto “era el mero mero”, pero que hoy los equipos que conforman los despachos se imponen. Sin duda, él se adelantó a esa circunstancia.

El arquitecto Víctor Legorreta, actual director de Legorreta+Legorreta, considera que de Francisco Serrano, catedrático desde la década de los ochenta, se debe aprender que si en algunos casos es conveniente trabajar en equipo, el ego debe pasar a segundo término. “Para mí las colaboraciones que hace con otros colegas, lejos de restarle mérito, hacen que sea más grande y respetado”. 

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Cortesía Francisco Serrano

Juan Pablo Serrano, cofundador en 1992 de la firma Serrano Monjaraz Arquitectos, dice que cuando trabaja con su padre lo hace “con mucho gusto, no por obligación”. Un ejemplo de ello fue el Pabellón Cultural de la República Centro de Arte y Diversidad, en los Cabos, Baja California Sur, construido en 2008.

El espíritu y la forma 

Serrano Cacho concibe a la arquitectura como el arte de componer con formas para crear espacios, pero “no sólo es arte, sino es el arte mayor, porque abriga muchas condiciones de otras artes, y explica: “Es muy difícil pensar que ya tienes una fórmula con la que puedes componer de aquí en adelante, eso no se puede hacer en la arquitectura”.

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¿Qué distingue a una construcción de una obra de arquitectura?, se le cuestiona. “La parte espiritual. Cuando tú ves una obra de arte de la arquitectura entras y te emocionas, se te pone la piel ‘de gallina’, te sorprendes, te entusiasmas, te enamoras”. 

Sin embargo, Serrano no se olvida de la parte social que conlleva esta disciplina artística.  Por esa razón hace énfasis en que el arquitecto resuelve una edificación pensando siempre en solucionar los requerimientos de ciertas personas. 

“El único problema con la arquitectura es que cada vez sabes más, por eso cada vez te cuesta más trabajo, porque ya sabes dónde te puedes equivocar. Debes ir poco a poquito. Pero esas medidas precautorias no te aseguran que tu trabajo más reciente será mejor que el anterior”.

Cortesía Francisco Serrano

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Materiales y agitaciones

El arquitecto Francisco Serrano piensa en cada obra como una situación particular, por lo que no hay fórmulas que pueda repetir para dar una solución efectiva. Cada proyecto tiene condiciones distintas, aunque sean del mismo género (edificios de oficinas, obras gubernamentales, habitacionales o educativas). 

“Tú haces algo, lo compruebas, no te gusta y lo cambias. Es un proceso dialéctico en el que vas y vienes. Lo que hoy me pareció una estupidez mañana puede parecer la idea genial de lo que estoy haciendo”.

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Cortesía Francisco Serrano

No obstante hay rasgos distintivos en sus obras, como los cilindros, los pórticos de concreto y los planos inclinados, las columnatas de tabique aparente y los escaparates de vidrio.

Francisco Serrano “no resuelve su arquitectura con base en cristales o formas etéreas. Su obra es firme, vigorosa, no le gustan los manierismos”, explica el maestro y arquitecto Alejandro Aguilera, profesor de tiempo completo en la UIA. 

En ideas y formas claras, como los cilindros, los rectángulos o los prismas rectangulares, “se nota su carácter. Su tendencia a la volumetría es una característica muy nacional donde Serrano tiene mucho oficio”, indica Aguilera. 

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Cortesía Francisco Serrano

Pero no sólo eso, “Serrano maneja mucho las texturas. Le gusta hacer muros enormes semejantes a pieles de concreto, como el del aeropuerto de la Ciudad de México. Le gusta llevar al límite los materiales, pero siempre dentro de reglas muy claras, contundentes y racionales”, considera. 

A pesar de que trabaja con grandes masas, sus obras “no te apabuyan”. Y el ejemplo más claro, cita,  es la Iberoamericana. 

Serrano Cacho dice respecto de su estilo que siempre le quieren ‘colgar’ dos materiales: el concreto y el tabique. Admite que le gusta trabajar con esos materiales porque se pueden adecuar a necesidades como el costo, la durabilidad y la posibilidad de manipulación. 

Desde su punto de vista, el concreto es una piedra líquida naturalmente moldeable. A la superficie se le puede transformar haciéndola muy lisa, darle color al cemento o dejarlo blanco, o bien romper y “sacar de las entrañas el grano de mármol que brilla y hace que se vea distinta”. Así lo hizo con la embajada en Alemania. La gente preguntaba qué tipo de material era aquél, pues no parecía concreto.

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Cortesía Francisco Serrano

Un caso aparte fue el tabique que utilizó en la Universidad
Iberoamericana ,“porque fue el material que le dio personalidad a esa institución”, se enorgullece el arquitecto Serrano. 

Ese trabajo lo inició con Rafael Mijares, y cuenta que coincidían en que habían hecho muchas cosas de concreto, “necesitábamos un material que dijera ‘esta es la nueva universidad’”.  Agrega triunfal: “Yo creo que ahí, con falsa humildad te lo digo, acertamos en usar el tabique para que fuera parte indisoluble de la Ibero”.

Esa Universidad, “con 25 años, ha envejecido muy bien. Serrano resolvió todo con el mismo material y además logró conservar una gran unidad de la obra”, opina el arquitecto y profesor Alejandro Aguilera.  

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A pesar de que trabaja con grandes masas no descuida los detalles pensados en la escala humana, “los muchachos están por todos lados: en las bancas, parados, en las escaleras. Se sienten cómodos en ella”, agrega. 

Cortesía Francisco Serrano

Serrano piensa que hay muchas obras que se vuelven obsoletas “¡así!”, y truena los dedos, incluso obras que él ha hecho, “todos tenemos nuestros pecaditos”.

Pero no es trabajo del arquitecto defender sus obras, “se defienden solas. Si son buenas la gente las va a apreciar”.

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En medio de la rutina viene un recuerdo: el 19 de septiembre de 1985, en minutos se quedó sin hogar y sin oficina. Salvó su vida porque el llanto de su hijo Javier, entonces un bebé, lo despertó poco antes del temblor. Años más tarde, en 2011, Javier, también arquitecto, fue asesinado por una confusión del crimen organizado.

 Permanece un momento en silencio, suspira y pega una palmada en el escritorio. “Pero tengo la fortuna de poder disfrutar de la vida. Eso te llena, te hace más feliz, también la gente nació para ser feliz, no sólo para sufrir”.  

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