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Museo en memoria de las víctimas del 11-S recibe a público en general

FOTOGALERÍA: El recinto tiene una profundidad de 20 metros y 10,210 m2, donde pueden verse dos exposiciones: una sobre el tributo a los muertos por los ataques y otra sobre lo ocurrido en NY, Washington y Pensilvania.
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Nota del editor: Esta información se publicó originalmente el pasado 21 de mayo, fecha en que formalmente abrió el recinto dedicado a las víctimas del 11S.

A 13 años de los ataques terroristas más devastadores en la historia de Estados Unidos, el museo que conmemora a las víctimas y que preserverá la memoria del 11 de septiembre de 2001 (11-S) abrió sus puertas desde el 21 de mayo pasado en Nueva York.

Por decimotercer año consecutivo, la ciudad de Nueva York hizo hoy una pausa en su frenética vida diaria para conmemorar los ataques en Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001, en el que fallecieron casi 3,000 personas.

Cientos de amigos y familiares de las personas que fallecieron en los ataques, que derribaron las torres del World Trade Center y que causaron el derribo de dos aviones, en Washington y Filadelfia, se dieron cita en la zona que hoy alberga un memorial y un museo para las víctimas.

"El museo es un lugar para la comprensión, la conmemoración y la reflexión, para que nos entendamos mejor a nosotros mismos y al mundo en que vivimos. El museo ayudará a cambiar la manera en que la gente ve al mundo", dijo Alice Greenwald, directora del recinto el día de la apertura.

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Antes de que el recinto abriera sus puertas al público en general, un grupo de cadetes desplegó la llamada "bandera nacional del 11-S", hallada entre las ruinas de las torres destruidas en el ataque en Nueva York y luego restituida, para luego transportarla al interior del museo, donde es exhibida.

Visitantes de todas partes del país y el mundo esperaron a ser los primeros en entrar a un museo que abrió sus puertas desde una semana antes a familiares de las víctimas y rescatistas, y que el día de su inauguración fue encabezada de manera oficial por el presidente Barack Obama.

FOTO: AFP

Las familias de las víctimas, sobrevivientes, socorristas y vecinos del sur de Manhattan visitaron durante seis días previos el museo, el cual estuvo reservado solo para ellos.

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Una dolorosa inmersión

El edificio geométrico, de grandes ventanales espejados y construido junto a las dos enormes albercas del memorial del 11-S puede parecer modesto, casi íntimo, con un sólo piso visible desde el exterior, comparado con los rascacielos que lo rodean.

Pero una vez dentro, tiene una profundidad de 20 metros y 10,210 m2, donde pueden verse dos exposiciones.

La primera muestra, denominada "In Memoriam", rinde tributo a los 2,977 muertos en esos ataques con aviones de línea secuestrados por terroristas y las seis víctimas mortales del anterior atentado contra el WTC del 26 de febrero de 1993.

La segunda exposición, "Histórica", cuenta lo ocurrido el 11 de septiembre en los tres lugares de los atentados (Nueva York, Washington y Pensilvania), explorando además las razones de los mismos y examinando sus consecuencias hasta el día de hoy.

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La historia es contada a través de miles de objetos personales, restos de los edificios, fotografías, grabaciones de video y audio y testimonios en primera persona. 

Al entrar, un mapa detalla el recorrido de los cuatro aviones de línea secuestrados por terroristas suicidas, dos de los cuales se estrellaron contra las torres provocando su derrumbamiento.

Una foto muestra el cielo azul antes de los atentados, con voces por altoparlantes que cuentan la conmoción, el miedo.

La rampa desciende luego suavemente, por etapas. Una enorme columna de hierro, la última recuperada del lugar el 30 de mayo de 2002, se encuentra expuesta, al igual que escaleras de una calle vecina por la cual cientos de personas escaparon de las torres.

Lleva tiempo llegar a la parte inferior del museo, a la salas de exposición y al inmenso Foundation hall, donde se puede ver restos de los cimientos de una de las torres.

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"El visitante llega con sus recuerdos, queríamos que fuese progresivo", explicó Carl Krebs, uno de los arquitectos responsables del proyecto.

El visitante, que no tiene derecho a tomar fotos, escucha los últimos mensajes telefónicos dejados por personas atrapadas en los pisos superiores a sus familiares o amigos.

Un carro de bomberos con la escalera deformada permite comprender el sacrificio de los 343 miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY, según sus siglas en inglés) muertos en el infierno de fuego y acero durante el derrumbamiento de las torres.

Retraso y polémicas

El proyecto del museo estuvo marcado por tres años de retraso a raíz de problemas de financiamiento.

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Tampoco estuvo exento de polémicas, por ejemplo por el tratamiento que se da al Islam y la yihad en un video de siete minutos referido al ascenso de Al Qaida.

Un grupo de consejeros interreligiosos pidió, en vano, que la presentación fuese modificada, advirtiendo del riesgo de que algunos visitantes que "no tengan un conocimiento sofisticado del tema puedan salir vinculando Al Qaida con el Islam en general".

Otra polémica fue el traslado de miles de restos no identificados de víctimas del 11-S a un repositorio bajo tierra en el museo.

Para algunos familiares de víctimas la decisión de la alcaldía fue un "insulto" y un "sacrilegio".

El público no podrá acceder al repositorio, que permanecerá controlado por la Oficina Forense de Nueva York.

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Con información de Notimex y AFP

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