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La esencia del museo

OPINIÓN: "Desde que se instituyó como el lugar diseñado y construido para mostrar colecciones, el museo se considera símbolo de la mejor arquitectura de una ciudad”.
Columna Antonio Toca (NUEVO)
Columna Antonio Toca (NUEVO) - (Foto: Archivo Obras)

Desde el siglo XIX, cuando se instituyó con el propósito de mostrar colecciones de arte, arqueología o de ciencias, el museo ha sido símbolo de la mejor arquitectura de una ciudad. En el Renacimiento se crearon algunas colecciones de arte que se exhibían en los palacios, pero la construcción de edificios diseñados como museos es más reciente. El famoso Altes Museum (1830), en Berlín, fue una de mejores obras de K.F. Schinkel, y su severa arquitectura neoclásica influyó en muchos museos nuevos de Europa y Estados Unidos; una obra extraordinaria en la que Schinkel integró algunos elementos que desde entonces son característicos en los museos: el pórtico, las escaleras y la rotonda central; un espacio cubierto con una cúpula similar a la del Panteón en Roma.

Desde el final del siglo XIX y durante el XX, varios promotores de arte convencieron a algunas personas acaudaladas para crear
o ampliar sus colecciones de arte. Un ejemplo notable ha sido Estados Unidos, donde se han creado enormes museos gracias a generosas donaciones particulares; por ejemplos en San Francisco, Chicago, Nueva York, Washington y muchas ciudades más. Quizá el más reconocido ha sido el Museo Guggenheim, construido sobre la Quinta Avenida, frente a Central Park. El proyecto de Frank Lloyd Wright se inició desde 1943 y, después de enormes dificultades, la obra se inauguró en 1959. El extraordinario edificio fue una provocación: la rampa continua modificó la manera de exhibir las obras de arte, y el atrio central es aún uno de los más bellos de Nueva York. A partir del impacto de esa obra se han construido otros museos que intentan -con mejor o peor resultado- repetir su éxito.

Le Corbusier también logró construir su proyecto para un museo sin límites (1929-1939) ofertándolo en varias ciudades como Ahmedabad (1954) y Tokio (1959), ya que es una de sus obras más valiosas.

Se han realizado ampliaciones como las de los museos del Louvre y de Washington, y espectaculares edificios como el Centro Pompidou en París (1997), diseñado por Renzo Piano y Richard Rogers -ganadores del concurso internacional-, con una arquitectura que aún es un cambio notable en la tipología de los museos. Un caso límite, en muchos sentidos, fue la construcción de enormes conjuntos -verdaderas ciudades- como el museo Getty (1997) en Los Angeles.

Ese fenómeno logró su mayor éxito mediático con el museo Guggenheim de Frank Gehry, que fue bautizado como el ‘efecto’ Bilbao (1993-1997). Su principal promotor fue Thomas Krens, entonces director del edificio sede en Nueva York. Krens logró que el gobierno vasco aceptara y pagara sus condiciones, con la participación de 37 patrocinadores, entre ellos los bancos BBV e Iberdrola.

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Aunque su espectacular acabado exterior en placas de titanio ha sido muy apreciado, su interior es una verdadera decepción para el que tiene el interés de ver las exhibiciones. Todo el equipo de arquitectos y de ingeniería estructural fue estadounidense, y los españoles sólo participaron en el desarrollo de los proyectos de ingeniería. El edificio es una espléndida escultura urbana, que desde entonces ha convertido a Bilbao en una referencia turística mundial y en símbolo del poder de la imagen.

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*Arquitecto e investigador de temas de urbanismo.

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