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El emblemático hotel parisino Lutetia cierra por obras de restauración

Antes de la Segunda Guerra Mundial, El famoso hotel 'literario' fue el lugar favorito de un sinfín de escritores, entre los que se encontraban James Joyce y Antoine de Saint-Exupéry.
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El Lutetia, emblemático hotel "parisino de estilo 'art déco', que albergó a los servicios de inteligencia nazis durante la ocupación y luego a deportados sobrevivientes de los campos de concentración, cierra sus puertas este lunes por renovación.

Las obras de restauración del edificio insumirán tres años, con la aspiración de conservar su sitial y rango en un mercado cada vez más competitivo.

El arquitecto Jean-Michel Wilmotte dirigirá los trabajos del inmueble de siete pisos, construido en 1910.

Situado cerca del barrio Saint-Germain-des-Prés, en la 'rive gauche' (margen izquierda) del Sena -donde se encuentran las principales editoriales parisinas- el Lutetia siempre ha sido un lugar de encuentro del mundo literario.

Sus colecciones, en particular un centenar de obras de arte y unas 8,000 botellas de vinos y licores, fueron subastadas en mayo del año pasado.

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El cierre provisorio fue conflictivo, puesto que sus empleados, 211 en total, cuestionaron el plan social propuesto por la dirección.

Un grupo israelí, Alrov, compró en 2010 el Lutetia. El insigne edificio sigue ahora el ejemplo de otros grandes hoteles de la capital francesa, como el Crillon, el Ritz o el Plaza Athénée, que emprendieron vastas obras de renovación para poder competir con las cadenas asiáticas, que han abierto hoteles de lujo en París.

"El Lutetia fue desde comienzos del siglo (XX) un faro de la 'rive gauche' y un lugar de memoria por excelencia para los franceses", declaró el escritor Pierre Assouline, quien le consagró una novela, precisamente titulada "Lutetia" (nombre romano de París).

El servicio de contraespionaje del ejército alemán, el Abwehr, instaló en el Lutetia su cuartel general durante la ocupación de la ciudad (1940-44); y el hotel fue, "sobre todo, el lugar al que regresaron los deportados franceses", entre junio y setiembre de 1945, subraya Assouline.

Une placa en la fachada recuerda, precisamente, que fue convertido en centro de acogida para los prisioneros recién liberados de los campos de concentración nazis.

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"En principio, cada uno disponía de 48 horas de alojamiento, pero a veces se quedaban más tiempo", recordaba en 2004 una voluntaria del centro de acogida, Madeleine Thibault, en el boletín de la Cofradía de los Deportados. "Mientras estaban en el Lutetia se encontraban juntos", en definitiva en un lugar con referencias, señalaba.

"Para muchas personas marcadas por la guerra, es un lugar que frecuentan o, que por el contrario, al que no van", destaca Assouline. "Estos últimos son en su mayoría gente que fue alLutetia a esperar a alguien, un padre o un hermano, que nunca volvieron".

"Inclusive he conocido gente que lo esquiva en su camino para no pasar delante. Y otros que festejan su regreso de la deportación en el Lutetia, porque ése fue el lugar de su vuelta a la vida", añade.

Hotel de escritores

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el Lutetia era un hotel de escritores, puesto que en la época era el único de lujo en la margen izquierda del Sena. James Joyce, Antoine de Saint-Exupéry, Roger Martin du Gard se alojaron allí y "André Gide lo hacía cuando necesitaba tener paz", explica Assouline.

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"Después de la guerra fue un poco diferente, porque los escritores contaban con menos medios (económicos) para alojarse en un gran hotel, pero sigue siendo literario por excelencia, porque el bar del Lutetia nunca dejó de ser, hasta este sábado de noche, un lugar de encuentro de escritores y editores", apostilla el autor francés.

El Lutetia continúa pautando la pequeña y la gran historia.

Según el portal internet del hotel, allí pasó su noche de boda el general Charles de Gaulle, en 1921.

En noviembre pasado, una pareja de 86 años se suicidó tras dormir allí su última noche. Extendidos sobre la cama, según la policía, se asfixiaron con bolsas de plástico y murieron tomados de la mano.

Según publicó el diario Le Monde, Georgette y Bernard Cazes "pusieron serenamente fin a sus días, felices de haber compartido juntos, cerca de sus hijos, la vida que quisieron antes de sufrir los 'achaques' de la vejez".

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