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Arquitectura y energía

OPINIÓN: El consumo de energía de las edificaciones comienza desde su construcción y se prolonga durante todo su ciclo de vida útil.
Columna Antonio Toca (NUEVO)
Columna Antonio Toca (NUEVO) - (Foto: Archivo Obras)

Se ha calculado que los edificios construidos consumen entre 15 y 20% de la energía no renovable. Si se considera que existen millones, y que cada día se construyen más, es evidente que se necesita actuar para poder revertir esa enorme pérdida de recursos que se pueden utilizar de manera más racional. Sin embargo, hasta la última década del siglo pasado, el gran público no tenía una conciencia sobre la importancia del manejo responsable de los recursos. Mucho se ha avanzado desde entonces, sobre todo al surgir organizaciones interesadas en hacer evidente la responsabilidad social para lograr eficiencia en el consumo energético.

Muchas asociaciones han realizado evaluaciones sobre el desempeño de los edificios, y los primeros resultados han hecho evidente el desperdicio y el enorme costo del mantenimiento de sistemas electromecánicos que no fueron diseñados para ahorrar. Así surgieron las primeras manifestaciones de la arquitectura verde, que ha hecho rentables las ‘actitudes’ de muchos apresurados ecologistas. La evolución y la experiencia sobre estos aspectos ha sido rápida y profunda. Se cuenta ya con una vasta información sobre la necesidad de racionalizar los consumos de energía, que ha llegado a interesar al público y a muchos niños que son más conscientes y que cuidan y protegen al mundo que recibirán.

El cambio climático, que se sigue manifestando con fuerza en muchos eventos, es la prueba de que no hay tiempo ni pretextos. Es urgente actuar de manera colectiva para evitar pérdidas de vidas y de patrimonio. Hasta hace poco no se evaluaba el desempeño de los edificios, fuera de vagas consideraciones estéticas o de apreciaciones subjetivas que resultan inútiles; pero ahora los promotores inmobiliarios demandan que se cumplan normas y códigos que aseguren un diseño más eficiente. El consumo de energía comienza desde la construcción de los edificios —con sus componentes y materiales— y se prolonga durante toda su vida útil.

Además se ha analizado, con el apoyo de diversos programas, la incidencia del calor solar, de los vientos en las fachadas y en sus orientaciones, que han mostrado éxitos y fracasos que no podían evaluarse anteriormente. Los avances son tan importantes que ya no se puede iniciar un proyecto sin que se tomen en cuenta sus efectos. Las crisis, económica y energética, han provocado también que de manera acelerada se evite la irresponsabilidad de no tomar en cuenta el impacto de los costos de construcción y mantenimiento de los edificios. Hoy se tiene un panorama diferente, porque los clientes y el público son más exigentes y más conscientes.

Recientemente, 19 grandes industrias anunciaron acuerdos para disminuir el desperdicio de recursos y la contaminación, generar beneficios ambientales, desarrollar tecnología eficiente, reducir el impacto ambiental de productos y empaques, usar mejor el agua, reducir la generación de residuos y promover el reciclaje, establecer cadenas de abasto de bajo consumo de combustibles y publicar los beneficios ambientales de sus productos. Ya no es tiempo para pretextos. Se requieren obras eficientes para las generaciones que merecen un futuro mejor. 

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*Arquitecto e investigador de temas de urbanismo.

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