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Lecciones de ida y vuelta

EDITORIAL: David Chipperfield tuvo en México la oportunidad de experimentar y probar muchas de sus teorías para crear el Museo Jumex.
Editorial 491
Editorial 491 - (Foto: Archivo Obras)

Prueba, ensayo, error, éxito… la vida misma es un laboratorio, lo mismo para un científico que para un arquitecto de renombre mundial. David Chipperfield tuvo en México —respaldado por una inversión de 20 millones de dólares— la oportunidad de experimentar y probar muchas de sus teorías para transformarlas en lo que hoy es una realidad: el Museo Jumex.

Chipperfield es conocido globalmente como el 'constructor de museos' por sus diseños e intervenciones en recintos como el Museo de la Literatura Moderna en Alemania, la Tate Modern Gallery de Londres o el Museo Gotoh en Tokio, además de una veintena de proyectos con esta vocación. Por esta razón, era casi una decisión natural que Eugenio López –el mayor coleccionista mexicano de arte– acudiera a este arquitecto británico para encargarle el diseño de un recinto destinado para compartir y exhibir la Colección Jumex (valuada en unos 80 millones de dólares), que cuenta con más de 2,500 piezas.

Después de meses de investigación sobre las condiciones climáticas y ambientales del sitio donde se ubicaría el museo (el conjunto Plaza Carso, junto al Museo Soumaya), Chipperfield encontró la forma de obtener la orientación óptima del edificio, y además propuso utilizar un techo que llamó de 'dientes de serrucho', buscando aprovechar al máximo la luz y la temperatura de la Ciudad de México.

La discusión sobre el uso de este elemento fue intensa, según cuenta Patrick Charpenel, director de la Fundación Jumex, pues Chipperfield nunca había usado algo semejante y el proyecto le serviría de laboratorio para probar sus teorías. La realización del museo requirió 'reinventar' procesos, maquinarias y hasta los controles sobre el trabajo cotidiano de los equipos.

Para Chipperfield las lecciones aprendidas en este, su primer proyecto en América Latina, representan un parteaguas en el proceso creativo de sus obras. Además, el diseño final del techo 'dientes de serrucho' podrá reproducirse en alguno de sus 21 proyectos en progreso en otros lugares del mundo.

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Para nuestro país y para los profesionales involucrados en el proceso constructivo, queda el conocimiento y la técnica para desarrollar una obra de esta magnitud y con un diseño retador. De hecho, al tomar el proyecto, Chipperfield buscó a su exalumno de doctorado, Óscar Rodríguez (Taller Abierto de Arquitectura y Urbanismo), para que llevara el seguimiento de la obra. Ahora, Rodríguez será también el representante en México del afamado arquitecto británico, quien no perderá la oportunidad de volver a trabajar en nuestro país.

En suma, fue un proceso de aprendizaje recíproco. Algo a tomar en cuenta en un entorno de crisis económica de la Unión Europea, en el que las grandes firmas de arquitectura buscan nuevos mercados. México ya es parte de esos nuevos destinos, por lo que habrá que aprender a tomar ventaja de la experiencia de esas firmas y crear una espiral de reinvención constante.

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