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Arquitectura en México: la desafortunada amnesia

OPINIÓN: Es necesario contar con publicaciones que permitan al público comprender la evolución de las obras arquitectónicas en México.
Columna Antonio Toca (NUEVO)
Columna Antonio Toca (NUEVO) - (Foto: Archivo Obras)

Hace tiempo publiqué un libro que intentaba cubrir la producción más reciente de arquitectura en México. Desde entonces se han publicado más de 30 libros que han intentado lo mismo, con mejor o peor resultado. Estas publicaciones son valiosas, pero de manera cada vez más clara se han convertido en colecciones de fotografías, sin una mínima información que permita entender el valor de estas obras para la cultura mexicana.

Resulta evidente una necesidad de contar con publicaciones adecuadas que permitan comprender la evolución de las obras arquitectónicas en México. La desafortunada amnesia en este tema pasó a ser un alud de antologías,
monografías o catálogos, muy bien presentados, que muestran abundantes fotografías, pero sobre aspectos cada vez menos sustanciales.

El panorama no es muy distinto al de otros países y resulta sorprendente que los principales creadores de la arquitectura moderna tardaran décadas para consolidar una obra que, después de muchas dificultades, pudieron publicar. En cambio, ahora hay multitud de publicaciones que dan cuenta, en períodos de tiempo cada vez más cortos, de obras de arquitectos prácticamente desconocidos.

Es necesario referirse primero a la enorme producción de arquitectura con referencias históricas; ante esa postura, parece que más de setenta años de arquitectura moderna no han tenido importancia. El éxito de esta arquitectura, que ha llenado muchas ciudades y que difícilmente es incluida en revistas, ha sido porque es muy atractiva para la gente. Ante el desprecio evidente por el contexto físico y cultural en muchas obras de arquitectura moderna, la solución ha sido mirar hacia el pasado, para lograr comodidad, calidez y -sobre todo- aceptación social.

Otra alternativa es el resultado de una clara intención de relacionar la arquitectura con el entorno natural y con la cultura de México. Es evidente que la figura principal de esa corriente ha sido Ricardo Legorreta, y su obra es -sin duda-
la que ha tenido mayor influencia desde hace más de treinta años, dentro y fuera del país.

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Una tercera alternativa han sido las obras basadas en la investigación formal de diversas arquitecturas. La tendencia a relegar los aspectos funcionales y operativos que una obra de arquitectura debe cumplir, hace que el formalismo de estas obras sea obsesivo y se tengan graves fracasos en su uso y mantenimiento; aunque hay que enfatizar que la libertad y la audacia que se permiten, resultan útiles para mostrar las posibilidades que pueden ofrecer algunas formas y materiales. Esa producción es escasa, porque son pocos los que se atreven a realizarla y menos a construirla. El caso más valioso ha sido, desde hace tiempo, la obra de Agustín Hernández, que se mantiene aún como figura única.

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*Arquitecto e investigador de temas de urbanismo.

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