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6 construcciones donde se gestó la Independencia de México

Inmuebles como la Alhóndiga de Granaditas, la Ciudadela o el Palacio de Iturbide registran algunos de los momentos más trascendentes.
Mural M�xico
Mural M�xico - (Foto: Tomado de flickr/ blackrainbow_layla)

Nota del editor: Esta información se publicó originalmente el 15 de septiembre de 2013 y se actualizó el 15 de septiembre de 2014. 

Algunas de las fincas donde se gestaron las batallas y decisiones más importantes para la Independencia de México actualmente tienen funciones oficiales y civiles, muchas de las veces en forma simultánea.

Pese a que los arquitectos que originalmente los diseñaron pasaron a segundo plano, las hechuras y dimensiones de sus obras han evitado su desaparición, resultando ideales para el sinnúmero de comisiones que han cumplido.

A continuación Obras presenta los cambios y funciones que han tenido algunos de los inmuebles de la Independencia.

Nota relacionada:  El vuelo del Ángel de la Independencia 

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Casa de la Corregidora o del Corregimiento

En la impecable Plaza de Armas o de la Independencia, en Santiago de Querétaro, pueden verse frente a frente los gobiernos municipal y estatal. Es una costumbre común en México que las administraciones modernas ocupen los edificios coloniales que sirvieron en el virreinato para el mismo fin burocrático.

Este lugar fue el corazón del movimiento de Independencia. La residencia y despacho de Miguel Domínguez y Josefa Ortiz, corregidores o corregentes de Querétaro, prestaba una sala para las pláticas definitorias de la ruptura con el régimen español, las que disfrazaban de tertulias literarias. Aquí también se reunieron Miguel Hidalgo, Juan Aldama e Ignacio Allende y otros conspiradores.

Desde aquí la corregidora se enteró de que los planes separatistas quedaban al descubierto la noche del 15 de septiembre de 1810 y se apresuró a dar aviso a Hidalgo. A pesar de encontrarse encerrada por su esposo en sus habitaciones, se dice que golpeó con sus tacones el piso de gruesa madera para hacerse oír y enviar una desesperada nota que precipitaría el Grito de Independencia aquella misma madrugada en Dolores, Guanajuato.

En su arquitectura, la casona de tres niveles, construida en 1770, posee un sobrio estilo. No contó elementos de ornamentación, salvo los básicos y convencionales de la época, como los marcos de cantera en las ventanas, las pechinas, listelos y coronamientos.

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En 1981, José López Portillo, entonces presidente de la República, reinauguró el edificio para los gobernadores en turno, que despachan desde aquí continuando una tradición de casi 250 años.

                                                                                           Tomado de Flickr/ henamsgrto

La Alhóndiga de Granaditas

El gran edificio de 75 por 68 metros servía de almacén de granos o 'granaditas' y cereales. Era nuevo al iniciarse la Guerra de Independencia y había costado poco más de 207,000 reales.

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Cuando las tropas de Hidalgo alcanzaron Guanajuato, soldados españoles y civiles se encerraron en el edificio para resistir el asalto a la ciudad, pero sellaron su destino el 28 de septiembre de 1810. Aunque aún se debate su nombre verdadero, un hombre, conocido como el 'Pípila', se colocó una piedra en la espalda a manera de escudo y prendió fuego al portón.

Al caer la entrada, la carnicería no se hizo esperar. El episodio pasó de lo heroico a lo aberrado y se cometieron barbaridades que el propio Hidalgo condenó. Es comentado por los historiadores que el cura guerrero evitó tomar la Ciudad de México en noviembre de ese año por temor a una masacre mucho peor.

La Alhóndiga es una construcción de mampostería atribuida a José del Mazo y Avilés. Masiva y cuadrangular, lleva al centro un mediano patio abierto y una cornisa exterior de estilo neoclásico. No obstante que no fue preparada para servir de bastión, se prestó para ello por su constitución y la formación de sus ventanas y ventilas, lo que favoreció a sus defensores.

Tras caer la resistencia, sus elevados muros sobrevivieron con las huellas de la batalla marcadas por todas partes. Meses más tarde, cuando los próceres fueron fusilados, el ejército realista colgó en cada una de las cuatro esquinas las cabezas de Hidalgo, Aldama, Allende y José Mariano Jiménez dentro de jaulas donde pendieron hasta 1821. Pero el movimiento siguió.

Muchos años después de los eventos, placas conmemorativas fueron colocadas en lo alto de cada arista con los nombres de los generales, mismas que todavía permanecen ahí.

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Convertido en 1958 en Museo Regional de Guanajuato, exhibe más de 9,000 objetos históricos, incluidos aquellos que homenajean a los caídos. Exhibe desde los años 60 murales de José Chávez Morado, quien también fue donante de piezas de arte mesoamericano. Es uno de los sitios de reunión en el Festival Cervantino, ya que frente a él se presentan diferentes eventos culturales en cada edición.

                                                                                       Tomado de Flickr/ TheVangabonds

Palacio de Gobierno de Guadalajara

Cuando se encontraba en el umbral de la Ciudad de México, Hidalgo prefirió marchar hacia Guadalajara, donde establecería su mando provisional. Llegó ahí el 26 de noviembre de 1810 sin hacer un solo disparo y lo recibieron como héroe. De inmediato designó este edificio como la sede de su gobierno.

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El palacio se encuentra a oriente de la Catedral de Guadalajara. Es un sólido edificio de cantera gris ornamentado con una portada principal barroca, coronada por un reloj de tiempos del porfiriato.

En la bóveda de acceso, una inscripción habla de su 'segunda fundación' y consigna la fecha 1790, ya que un primer edificio ubicado ahí se derrumbó a causa de un fuerte sismo. El gran patio interior está arbolado y es trazado por arcadas de medio punto en dos pisos.

El cubo de escaleras está decorado por los murales de José Clemente Orozco, uno de los cuales retrata a Hidalgo blandiendo una antorcha y alzando su puño al aire.

Desde aquí abole la esclavitud, lanza 'El Despertador Americano', una breve publicación de propaganda insurgente que sólo emitió siete números, además de que realizó otros decretos importantes. Ese conjunto de proclamas está considerado como el primer gobierno independiente mexicano.

En 1858, es aquí donde casi perdió la vida Benito Juárez, quien junto con Melchor Ocampo y otros miembros de su gabinete fue por poco fusilado, mas salvó la vida por la intervención de Guillermo Prieto, su secretario de Hacienda. El hecho se recuerda en una pequeña placa situada en el primer nivel.

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Fiel al sino de los edificios públicos prominentes, también hospeda al Museo del Palacio de Gobierno con ocho salas que muestran desde la historia de México hasta el proceso del tequila.

                                                                                     Tomado de Flickr/ Alejandro Castro

La Ciudadela

En 1807 abrió como la Fábrica Real de Tabacos, un proyecto del ingeniero Miguel Constanzó que fue llevado a cabo por los arquitectos José Antonio González Velázquez e Ignacio Castera. Ninguno imaginaba que sólo cuatro años después su obra sería una apetecible trinchera cuando la guerra independentista escalaba por toda la Nueva España.

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Su estilo neoclásico propone un rasgo totalmente mexicano: el uso del tezontle, lo que le confiere personalidad a sus prolongadas fachadas de un solo nivel. Con cuatro patios interiores (hoy cubiertos) y una planta prácticamente simétrica, ocupa una manzana entera y cuenta con la Plaza Morelos, una explanada arbolada que le da jerarquía y es utilizada para bailar danzón.

Siendo cuartel durante la Guerra de Independencia, el generalísimo José María Morelos y Pavón pasó ahí prisión antes de ser llevado a su fusilamiento en Ecatepec, en 1815.

También fue escenario de la denominada Decena Trágica durante la Revolución Mexicana, sucediendo aquí un combate de mera distracción mientras el Palacio Nacional era atacado el 9 febrero de 1913. Trece días después, el golpe de estado en el que fue asesinado el presidente Francisco I. Madero dio por concluido el episodio.

Desde 1946 se abrió en ella la Biblioteca de México y fue José Vasconcelos su primer director. Con el paso de los años compartió el inmueble con oficinas de las Secretarías de Defensa Nacional y de Gobernación, así como con escuelas. En 1988 se reinauguró luciendo las mejoras del arquitecto Abraham Zabludovsky y se destinó íntegramente a biblioteca, hemeroteca y centro cultural.

Recientemente fueron agregadas las colecciones personales de José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis, enriqueciendo su acervo y prosiguiendo su labor pacífica. Esto vino de la mano del proyecto 'Ciudad de los Libros', el cual incluyó diversas intervenciones arquitectónicas.

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                                                                               Tomado de Flickr/ Cmagov

Palacio de Iturbide

El 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante hizo su entrada triunfal en la Ciudad de México. La Independencia estaba consumada y uno de los autores del hecho ya estaba preparado para convertirse en el primer emperador mexicano: Agustín de Iturbide. 

El palacete había sido terminado en 1785 y en su tiempo fue la única residencia de cuatro pisos en toda la Nueva España. Fue encargado por los condes de San Mateo de Valparaíso al famoso arquitecto Francisco de Guerrero y Torres, quien le dio un estilo singular que se basa en un barroco estilizado en cantera, que incorpora elementos alegóricos civiles y retoma el tezontle como distintivo de buen gusto.

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Los condes originales se habían ido hacía mucho. Fue un descendiente quien prestó la residencia a Iturbide y desde ahí salió hacia su coronación, en mayo de 1822, pasando a la historia como el primer gobernante oficial de la nueva nación. Para el emperador Agustín I, la casa asciende al rango de Palacio, del que sería huésped por poco tiempo. Luego fue Colegio de Minería, oficinas, hotel, casa de diligencias y hasta cuartel de los franceses en la ocupación del segundo emperador, Maximiliano.

Con el tiempo, el Palacio agregaría a su linaje otro mérito: alojó el primer elevador eléctrico colocado en México (1887). Cayó en descuido y fue adquirido en los años 60 por el Banco Nacional de México (Banamex), que dio a un entonces joven arquitecto, Ricardo Legorreta, la tarea de reacondicionarlo en 1972. Desde entonces ha recibido diferentes intervenciones que restauraron su 'brillo'.

No podía quedarse atrás con la vocación cultural, por lo que desde 2004 dio lugar al Museo Palacio Cultural Banamex, el cual se promueven las artes en general.

                                                                                             Tomado de Flickr/ ايشيبا - ishiba

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Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores

(Dolores Hidalgo, Guanajuato)

El edificio albergaba, hace más de 200 años, la campana que hizo sonar Miguel Hidalgo la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Ubicado frente a la plaza principal, es considerado uno de los mejores ejemplos del barroco de finales del siglo XVIII 

Localizado frente a la plaza principal, el inmueble sobresale por su fachada como la concha que remata al arco de acceso, así como las columnas estípites que enmarcan imágenes religiosas en sus nichos. En su interior se conservan dos bellos retablos, uno dedicado a la Virgen de Guadalupe y otro a San José.

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Tomado de Flickr/ reversepeephole

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