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Un 'equipo de ensueño' reforzó la obra de Ramírez Vázquez

OPINIÓN: Enriqueció su obra con el trabajo de Rafael Mijares, Mathias Goeritz, Raúl Anguiano, José Chávez Morado, Manuel Felguérez y Leonora Carrington.
Museo Nacional de Antropologia
Museo Nacional de Antropologia - (Foto: Tomado de Getty Images )

La obra del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez inicia en 1944 con el proyecto de la casa habitación para sus padres, ubicada en la calle Martín Mendalde, Ciudad de México, DF, y se prolonga hasta el actual año de 2013 con el proyecto –hoy en construcción– de la Unidad Lerma de la Universidad Autónoma Metropolitana; comprende un periodo que abarca 70 años de trabajo profesional; se trata de más de 300 obras y proyectos con diversas etapas, y periodos particulares, y con un lenguaje de elementos arquitectónicos que se han ido transformando y adecuando a las tendencias formales de cada tiempo.

Una revisión de los edificios de Ramírez Vázquez nos revela el empleo, con cierta regularidad, de celosías en diversas fachadas que marcan un particular sello en las obras de este arquitecto mexicano; la celosía fue empleada en la fachada de acceso del Pabellón de México en la Exposición Mundial de Bruselas, Bélgica, realizado con Rafael Mijares (1958); en la del Pabellón de México en la Exposición Mundial de Seattle (1962); en la del Pabellón de México en la Feria Mundial de Nueva York, realizado con Rafael Mijares y Eduardo Terrazas (1964); en el Hospital Infantil del IMAN de la Ciudad de México, edificado con Rafael Mijares, Renato Chacón, Eduardo Graf y Víctor Lara (1970); en las fachadas del patio y el vestíbulo del Museo Nacional de Antropología, realizado con Rafael Mijares y Jorge Campuzano (1964); en las fachadas del patio del Palacio Legislativo Federal, levantado con David Muñoz, Pedro Beguerisse y Jorge Campuzano (1980); en las fachadas del Centro de Convenciones de Mérida, edificado con Javier Ramírez Campuzano y Andrés Giovanni y en la fachada de acceso de la Unidad Lerma de la UAM, realizada con Javier Ramírez Campuzano y Andrés Giovanini.

Con el uso de estas fachadas-celosías, se anticipó con mucho a la tipología actual de las fachadas tratadas como sistema unitario en contraposición con las fachadas con ventanas de vanos aislados o en bandas horizontales.

Otra característica de algunos de sus edificios es el tratamiento del acceso a través de secuencias de espacios públicos, con el propósito de que los usuarios transiten, de los espacios caóticos de la ciudad, a espacios controlados que lo lleven a la fachada de ingreso del edificio; un caso ejemplar de este sistema de acceso es el del Museo Nacional de Antropología.

Un logro importante es la intromisión del arte moderno en los espacios de exposición arqueológica del Museo Nacional de Antropología, al conjuntar obras de Mathias Goeritz, Raúl Anguiano, José Chávez Morado, Rafael Coronel, Manuel Felguérez, Carlos Mérida, Fanny Rabel, Leonora Carrington, y otros destacados pintores, con obras prehispánicas –decisión que, paradójicamente, en su momento recibió algunas críticas ásperas–; sin embargo, así consiguió enriquecer y ampliar el carácter histórico y patrimonial del museo, con el acercamiento del público a obras artísticas contemporáneas de los más destacados artistas plásticos mexicanos de nuestra época; indudablemente, esta estrategia colocó la museografía mexicana moderna a la vanguardia mundial.

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Actualmente, se ha optado por ampliar esta corriente, que surgió de Ramírez Vázquez, instalando exposiciones de esculturas contemporáneas y de arquitectura moderna internacional en el corredor de la planta alta, frente a la Sala Mexica.

¿Una escuela de arquitectura?
Ramírez Vázquez manifestó, en muchas ocasiones que no buscó, ni le interesaba, realizar arquitectura de autor, por lo que su lenguaje y expresión arquitectónica no siguió parámetros estilísticos reiterativos; su obra es un conjunto de diversos edificios en el que cada uno de ellos tiene un lenguaje propio que responde de manera particular a las características propias del sitio, del programa y del cliente y en el que cada elemento arquitectónico recibe el tratamiento específico que responda de la mejor manera a la solución del espacio requerido; con excepción del uso eventual de celosías en la fachada, no maneja en sus proyectos elementos arquitectónicos con un tratamiento típico, ni con un lenguaje arquitectónico particular, y menos todavía con una escuela de arquitectura.

El arquitecto continuamente manifestó que lo importante de un edificio no es su creador, sino que ofrezca calidad en los espacios que lo conforman para enriquecer la vida de sus usuarios y visitantes.

Por estas razones, y con esta finalidad, Pedro Ramírez Vázquez entendió la creación arquitectónica como un proceso de trabajo en colaboración; el resultado ha sido, y sigue siendo, una práctica común realizada conjuntamente con distintos arquitectos.

Con esta manera de trabajar en asociación, Ramírez Vázquez logró crear una serie de importantes edificaciones, entre ellas destacan las siguientes:

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La Escuela Nacional de Medicina, con Roberto Álvarez Espinosa, Ramón Torres Martínez y Héctor Velázquez (1952); el Auditorio Nacional, con Ramiro González Del Sordo, Fernando Beltrán y Fernando Peña (1954), (el cual fue posteriormente remodelado en 1991 por Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky); el Museo de la Ciudad de México, utilizando el antiguo palacio de los Condes de Calimaya, con Mauricio Gómez Mayorga (1964); el Museo Nacional de Antropología, con Rafael Mijares y Jorge Campuzano (1964); el Museo de Arte Moderno con Rafael Mijares y Carlos Cázares (1964); la Torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores, con Rafael Mijares (1966); el Estadio Azteca, con Rafael Mijares (1966); el Hospital Infantil del IMAN, con Rafael Mijares, Renato Chacón, Eduardo Graf y Víctor Lara (1970); la Embajada de Japón en México, con Manuel Rosen, Kenzo Tange y Rafael Espinosa (1976); la Basílica de Guadalupe, con José Luis Benlliure, Gabriel Chávez de la Mora, Alejandro Schoénhoffer (1976); la Cámara de Diputados, con David Muñoz, Pedro Beguerisse y Jorge Campuzano (1978); la Torre de Oficinas de Mexicana de Aviación, con Rafael Mijares y Andrés Giovanini (1984); el Museo de Sitio del Templo Mayor, con Javier Ramírez Campuzano, Guillermo Gutiérrez Esquivel y Miguel Ángel Fernández (1987); así como, recientemente, el Plan Maestro de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa, con Javier Ramírez Campuzano y Andrés Giovanini (2009).

Son, todas ellas, edificaciones significativas que articulan la vida pública de los habitantes de la Ciudad de México y conforman parte de su imagen urbana.

En este orden de ideas, cabe mencionar que, junto con Pedro Ramírez Vázquez, su hijo Javier Ramírez Campuzano y Andrés Giovanni dirigen actualmente la firma Ramírez Vázquez y Asociados.

-PRIMERA DE TRES PARTES-

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*José María Larios es Docente de la carrera de arquitectura de la Universidad  Autónoma Metropolitana  Plantel Azcapotzalco

( Ver especial Pedro Ramírez Vázquez )

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