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Ramírez Vázquez, el diseñador de las grandes marcas

FOTOGALERÍA: Diseñó los logotipos de marcas como Televisa, Apasco y los Juegos Olímpicos de 1968, además de muebles y objetos.
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Creador de edificios reconocidos internacionalmente como el Museo de Antropología, la Basílica de Guadalupe y el Estadio Azteca, la obra del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez (1919-2013) se extiende más allá de los espacios monumentales de concreto, para reflejarse también en materiales tan delicados como el cristal y el papel.

Así, a lo largo de su carrera, además de su labor arquitectónica, cultivó su gusto por el diseño. Entre sus obras gráficas más conocidas se encuentran la imagen y logotipos que desarrolló para los Juegos Olímpicos México 68, así como para la empresa Televisa. De igual forma, a través de la aplicación del diseño industrial, desarrolló una serie de figuras en cristal.

"Sus actividades no pueden definirse únicamente con su título de arquitecto. Tan grande es la multiplicidad de sus talentos, sus acciones y sus obras que a veces resulta difícil comprender su personalidad", afirmó Karel Wendl, ex Curador del Comité Olímpico Internacional (COI) y miembro honorario de la Sociedad Internacional de Historiadores Olímpicos (ISOH por sus siglas en inglés). 

Explicó que el arquitecto mexicano no sólo fue el creador de edificios públicos tan diversos como museos, estadios, escuelas y embajadas, sino que también fue un artista que se expresó a través del diseño decorativo, gráfico e industrial.

En el estudio 'Pedro Ramírez Vázquez. Retrato de un diseñador', Wendl detalla además que la "devoción hacia la causa pública y la acción social necesitada por el pueblo mexicano lo llevó a asumir la responsabilidad gubernamental como Secretario de Obras Públicas y Asentamientos Humanos, en donde se distinguió por poner sus talentos al servicio de sus aspiraciones, en términos del mejoramiento social".

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El historiador detalla además que el arquitecto participó en el "proceso de industrialización del país" con sus escuelas con marcos que luego se completaban con paredes y techos fabricados con materiales locales, para ajustarse a las necesidades del lugar y a la condiciones climáticas de la región. "Ramírez Vázquez tenía la profunda convicción de que la gente deber permanecer constantemente involucrada con las instituciones a fin de tener una sociedad más equitativa".

En este sentido, Wendl afirma que el arquitecto expresó sus inquietudes pedagógicas, su sentido estético y sus facultades creativas, con la herencia en mente de las antiguas culturas que habitaron en el país, y el deseo de que éstas permanecieran y coexistieran con las formas más auténticas de la arquitectura contemporánea.

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