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El Cenart: más allá de la polémica de su creación

OPINIÓN: La lección del Cenart es que la continuidad y el cambio se dan en la arquitectura y en su uso, así como en el tejido humano de las generaciones.
Columna Antonio Toca (NUEVO)
Columna Antonio Toca (NUEVO) - (Foto: Archivo Obras)

El Centro Nacional de las Artes (Cenart) cumplirá 20 años como el espacio para la educación artística y la difusión de las artes más importante en América Latina. Tiene miles de alumnos egresados, y más de 700 intercambios académicos con instituciones educativas y culturales de más de 30 países.

Sin embargo, muchos no recuerdan la polémica en torno a la creación del Cenart, porque se sienten ya identificados con este proyecto, o lo viven como una parte importante de su formación y de su vida como artistas.

Resultado de la controvertida decisión de crear una Ciudad de las Artes, que agrupara a las diversas escuelas de enseñanza artística, diseminadas en la Ciudad de México, el Cenart fue un proyecto de enormes y conflictivas dimensiones.

Desde la iniciativa hasta la inauguración del Cenart, fue fundamental la participación y el apoyo de Rafael Tovar y de Teresa, desde entonces titular del Conaculta. Su creación resultó de la propuesta de construir un centro que reuniera -en un solo lugar- a todas las escuelas y actividades para la formación de los artistas en México.

Esa decisión fue muy cuestionada, porque continuó la injusta costumbre de construir en la Ciudad de México cualquier institución que se ostente como nacional.

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El proyecto original fue encargado directamente al arquitecto Ricardo Legorreta, por el presidente Carlos Salinas de Gortari. Poco después se incluyó a un grupo de arquitectos que, bajo la coordinación de Legorreta, propusieron los proyectos para escuelas, teatros y otras instalaciones; el grupo fue elegido sin concurso público. El resultado fue: ni ciudad ni centro, porque los edificios están aislados, no existe relación alguna entre ellos o con el paisaje. De hecho, el conjunto es la mejor prueba de que no se logró integrarlos.  

No obstante, el Cenart fue evidencia de la importancia que el gobierno mexicano le asignaba a la enseñanza y la producción artística; su construcción fue el canto del cisne del Estado en su papel de promotor y constructor de obras públicas; y la influencia de sus arquitecturas pronto se sintió en todo el país.

La valiosa lección del Cenart es que demuestra que la continuidad y el cambio se han dado y se dan en la arquitectura y en su uso, y también en el tejido humano de las generaciones. Esta relación, no exenta de conflictos entre maestros, alumnos y autoridades, es lo que permite que la cultura -como la vida- avance y evolucione.

En el centro se realizan ensayos y funciones diarias, a las que acude un público que tiene así contacto con las más modernas y avanzadas propuestas artísticas. El Cenart ya es referencia obligada para las escuelas de arte de todo el continente americano, y es el centro de enseñanza y creación artística más importante en México que, además, ofrece asesoría a escuelas e instituciones en numerosos países.

En la continuación de esas actividades, y en sus alumnos, funcionarios, maestros y trabajadores, reside la enorme potencia y la esperanza de que el Cenart se mantenga como un organismo vivo que facilita y hace posible la creación artística en nuestro país.

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