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Historia y sostenibilidad

EDITORIAL: Para el gobierno galo es estratégico que la torre Eiffel se sume a la tendencia de reconversión sustentable que ya han iniciado otras edificaciones icónicas.
Editorial
Editorial - (Foto: Archivo Obras )

La historia humana no sólo se puede contar en años o en libros, también en monumentos y edificaciones icónicas. El director del Museo del Diseño de Londres, Deyan Sudjic, escribe en su libro La arquitectura del poder que "intentar dar sentido al mundo sin reconocer el impacto psicológico de la arquitectura en él, es pasar por alto un aspecto fundamental de su naturaleza. Sería como no tener en cuenta el efecto de la guerra en la historia de la tecnología y viceversa".

Sin duda, la arquitectura se ha asociado a manifestaciones de supremacía, poder y hasta vanidad, pero también ha servido como instrumento para provocar cambios culturales e ideológicos. El caso de la parisina torre Eiffel –a la que dedicamos nuestra portada– no ha sido la excepción.

La torre fue construida por el ingeniero Gustave Eiffel para ser el centro de atención en la Exposición Universal de 1889, en París, y de paso, conmemorar el primer centenario de la Revolución Francesa. Con los años, el auge del turismo internacional convirtió la Eiffel en el monumento más visitado del mundo… y el más contaminante por su excesivo consumo energético (7.8 millones de kw/h por año, equivalente a 775 millones de focos de 100 W encendidos).

Ahora, la remodelación del primer piso de la torre (el de mayor afluencia y superficie) busca ayudar a reducir en 30% las emisiones de carbono del monumento y ser el estandarte ideológico para impulsar el cumplimiento de los compromisos medioambientales de Francia para 2020.

Y es que, aunque de forma lenta, las principales naciones del mundo comienzan a moverse hacia la resolución del dilema que hace 26 años planteó, en el seno de la ONU, el Informe Brundtland: la necesidad de establecer políticas globales que llevaran a la humanidad a "satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades del futuro".

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Para el gobierno galo es estratégico en términos políticos, culturales y de propaganda que la torre Eiffel se sume a la tendencia de reconversión sustentable que ya han iniciado otras edificaciones icónicas del planeta, como la torre de Londres, en Inglaterra, o el Empire State, en Nueva York.

A final de cuentas, lo que está en juego no es la estética o el valor arquitectónico de las edificaciones, sino la viabilidad misma de un modelo económico global, que debe dejar atrás la especulación y regresar a la producción tangible de la riqueza.

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