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3 museos de la CDMX que han apostado por el diseño de iluminación

Al menos tres inmuebles de la capital mexicana han instalado proyectos de iluminación con el objetivo de reinterpretar su valor arquitectónico y museográfico.

museo de san carlos
FOTOGRAFÍA Cortesía INAH / Fabián Garcilita

Viernes, 03 de agosto de 2018 a las 10:17
POR Mirna Gutiérrez

Nota del editor: Esta nota se publicó en la edición 545 de la revista Obras, Vivienda ¿burbuja?, correspondiente al mes de junio de 2018. 

(CIUDAD DE MÉXICO) – Los museos de la Ciudad de México han apostado por el diseño de iluminación como herramienta para reactivar sus valores arquitectónicos y museográficos.

La tendencia para reinterpretar el valor arquitectónico y museográfico de los inmuebles a través de la luz se ha manifestado en al menos tres inmuebles de la capital mexicana en los últimos meses.

El diseño realizado por el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México (FCHCM) y el Taller de Arquitectura y Restauración para iluminar la Catedral Metropolitana busca resaltar la belleza del monumento y brindar seguridad en la zona. Y es tan solo una muestra de las intervenciones lumínicas que se realizan en diversos inmuebles.

La Catedral requirió la instalación de siete postes de 15 metros, que coinciden con los ejes del templo para ser lo menos visibles. De esa forma, 104 luminarias artísticas se dirigen al monumento y 14 hacia el tránsito peatonal y vehicular.

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"En el Centro Histórico había algunos edificios iluminados, pero también varias zonas en donde prevalecía una oscuridad brutal", señala José Mariano Leyva, director general del FCHCM.

Foto: Cortesía Gobierno de la Ciudad de México

La tecnología es de la italiana Griven, modelo Dynamic White, tipo proyector y dirigibles con distintas ópticas. En la propuesta se trabajó con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y otras instituciones, con el fin de respetar los valores arquitectónicos y litúrgicos. La inversión fue de 11.5 millones de pesos (mdp).

Otro proyecto es el del Templo Mayor. Requirió de 35 mdp y en noviembre pasado se inauguró. La Agencia de Gestión Urbana (AGU) fue responsable junto con la empresa francesa Citelum.

Incluyó la colocación en edificios aledaños de 355 proyectores LED de 30, 50 y 135 W, con atenuación individual para cambio de color y para preservar el sitio arqueológico.

La iluminación incluye las fachadas de edificios colindantes: el Palacio de la Autonomía, el Museo Archivo de la Fotografía y el Palacio del Marqués del Apartado.

Foto: Cortesía INAH / Gustavo Ruiz Lizárraga

"Buscamos recomponer el espacio público articulando las sendas peatonales para que se disfrute tanto de día como de noche", enfatiza Iris Infante, directora de Desarrollo Inmobiliario del FCHCM.

Otro caso donde la iluminación es protagonista en la transformación es el Museo Nacional de San Carlos, también en el primer cuadro de la Ciudad de México, donde los focos halógenos de las salas de arte Gótico, Barroco, Manierismo y Renacimiento fueron reemplazados por LED.

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"La distribución de luminarias estaba mal hecha, los rieles estaban arbitrariamente puestos y no eran los ángulos correctos de iluminación que debían tener las piezas ni los focos", relata Alejandra Murillo, jefa de Museografía.

El proyecto, ejecutado por Grupo Construlita, especificó la colocación de luminarios dirigibles y retráctiles modelo Gala al interior de las vitrinas que se empotraron en el plafón para evitar reflejos y conservar la temperatura de las piezas.

"Para lograrlo, instalamos luces cálidas con un alto índice de rendimiento cromático (IRC) de 3,000 K, que contribuyen también a la correcta reproducción de color de las obras", señala Eliuth Ortiz, encargado de Proyectos de Grupo Construlita.

Foto: Cortesía INAH / Fabián Garcilita 

En el retablo central, cuya altura es de cinco metros, colocaron tres luminarios modelo Cubic con aletas cortadoras y lentes ajustables para un mejor control óptico y confort visual.

La sala Barroco, Manierismo y Renacimiento fue equipada con lámparas para riel suspendidas en el plafón, a las que se adaptaron tubos de polipropileno para lograr acentos específicos de luz.

"Los colores y las piezas son otros. Descubrimos personajes, letras y detalles que no habíamos visto, incluso la conservación de las piezas mejoró", argumenta Murillo.

 

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